Detrás de un plato de “chanquetes”

He hablado mucho de la actividad furtiva de pesca de “chanquetes”. El lector tal vez piense o evoque aquellos tiempos en que las jábegas llegaban a la playa despues de echar el “lance”, se sacaba “el copo” entre muchos, a golpe de tirones de los cabos de los extremos de la amplia red, hasta que se acercaba a la orilla, y se recogía la pesquera en baldes o cubos; y casi allí mismo se vendía, delante de todos. Hoy no es muy diferente, si no fuese porque ésta actividad y las artes usadas, hoy están totalmente prohibidas, y todo debe hacerse de un modo furtivo, rápido, y a escondidas.

En efecto, mas allá de la pesca ocasional de pescado en talla inferior a la reglamentaria, por algunas embarcaciones de la lista 3ª (pesca profesional), la pesca de inmaduros en Málaga se desarrolla, desde hace más de 20 años, de forma furtiva y clandestina por otro tipo de embarcaciones.

¿cómo es esta actividad? Les voy a contar a ustedes cual es el escenario que cada noche se produce para desarrollar la pesca ilegal de inmaduros de boquerón o sardina, los mal llamados “chanquetes”: se trata, como digo, de una pesca furtiva llevada a cabo por pequeños botes o embarcaciones, casi siempre ilegales; es decir, sin documentación alguna, sin el folio ni matrícula (o falsos) que debe tramitarse en la Capitanía Marítima, y sin los permisos requeridos, muy a menudo robadas de los varaderos o de las playas; o bien embarcaciones de recreo o deportivas, con toda su documentación en regla, pero dedicadas a esta actividad ilícita; y no faltan las embarcaciones construídas de forma rápida en astilleros irregulares improvisados a pie de playa, que también forman parte de la red de ganancias.  No les miento si les digo que a veces se trata de hidropedales, o meros artefactos flotantes construidos con un simple palét, desde donde echar el lance.

Las zonas especialmente “calientes” son El Bulto, Huelin, El Palo, el interior del Puerto de Málaga, Torre del Mar, mayoritariamente.

Sus tripulantes, muy reincidentes,  en muchos casos ya identificados y detenidos o buscados por la Guardia Civil, por tener diversas causas pendientes con la justicia, asociados a temas de narcotráfico. Su detección por la Inspección Pesquera para una posterior actuación, exige el continuo seguimiento previo de esta actividad, en horario de noche y madrugada. Un trabajo que se desarrolla en duras condiciones, no exentas de peligro, cercanas a veces al camuflaje, con muchas horas de espera hasta que llega la hora de su inicio; cuando son detectados, se producen continuas amenazas verbales a los integrantes del equipo de la Inspección y a sus superiores, bien en ese momento, o bien anonimamente por teléfono, a los que se somete a contraespionaje;  los apedreos y las agresiones físicas y verbales a los inspectores pesqueros son frecuentes; incendios de vehículos oficiales y particulares; los infractores y su red de colaboradores, no dudan en llevar a cabo el robo de barcas, motores y artes, ya incautadas, en la nave usada por la Inspección Pesquera para el depósito de este tipo de material, obligando a continuos cambios de ubicación de la misma, a cambios de vehículos, rutas, horarios y hábitos, etc., debiendo extremarse las precauciones; motocicletas de escasa cilindrada que vigilan; móviles que se activan en la madrugada para facilitar información sobre los movimientos de los inspectores; garajes particulares que en la noche se abren y cierran para sacar o meter los artes de pesca, motores e incluso barcas; boliches, birortas y otros artes con un copo ciego como un velo de novia, donde todo queda retenido excepto el agua; furgonetas esperando la mercancía; botes de gasolina para amenazar con prenderse fuego a sí mismos, si son sorprendidos por la inspección o por los agentes de la Guardia Civil; generadores de luz para atraer más pescado, barcas viejas que cambian de colores o características cada día; cubos cargados de crías de boquerón y sardinas que desaparecen en las calles en pocos minutos; botes de formol para añadir masivamente a los cubos, a fin de mantener el pescado durante varias horas hasta su consumo (antiguamente era la orina lo que se usaba); barcas que se construyen rápidamente en astilleros irregulares improvisados en la misma playa, por carpinteros que son parte de la red ilegal de ganancia; varaderos “irregulares”, en las playas de nuestra capital, y de ciertas localidades como Torre del Mar, donde se acumulan las embarcaciones ilegales, junto a congeladores o arcones viejos cerrados con candados, donde se guardan artes, botellas de formol, etc.; huídas, insultos, apedreos con tornillería a bordo de las barcas; … y dinero, mucho dinero negro, todo ganancias, que va a parar a los bolsillos de unos pocos.  La mayoría de las veces, los infractores salen huyendo de la Inspección Pesquera, haciendo imposible su identificación, y la incoación del correspondiente expediente sancionador, dejándonos solo la posibilidad a la inmovilización de la embarcación ilegal, dentro del marco jurídico vigente. Una vez hecho el  seguimiento de lo que llamamos “bolicheo”, identificadas las barcas, infractores, horarios, zonas, capturas, desembarque, trasporte, etc.,  y todo ello documentado fotográficamente, se realiza el diseño de operaciones especiales, conjuntas con el Seprona o el Servicio Marítimo de la Guardia Civil, sin cuyo apoyo sería imposible el desarrollo con éxito de este control.

Este es el escenario que se encuentra cada noche la Inspección Pesquera y los Agentes de la Guardia Civil, para desarrollar su trabajo. Esta es la actividad que se desarrolla nocturnamente entorno a la pesca y venta de “chanquetes”. Y no me lo ha contado nadie. Les puedo asegurar a ustedes que es así, porque lo he visto muchas veces, cuando he salido con los inspectores de pesca de Málaga, por la noche-madrugada, a presenciar su trabajo, poniendo en peligro su integridad. Esto es lo que hay detrás de un plato de “chanquetes”. Y a esto contribuye el consumidor, sin saberlo, cuando lo demanda; ya que mientras se consuman, se pagará por ellos, y mientras haya ganancias, se seguirá pescando, haciendo inútil este trabajo.

Muchos malagueños siguen viendo en esta actitud de la administración, una amenaza a uno de los signos de identidad: el “pescaíto”, sin darse cuenta de la amenaza que esta actividad furtiva supone, a otro: el boquerón, y la sardina, cuyas poblaciones se ven dramáticamente mermadas por esta captura masiva de crías. El consumidor piensa además, que a nivel individual no puede resolverse el problema dada la compleja naturaleza del mismo, pero debe saber que él forma parte ineludible de la solución y que, si se rechaza de forma individual, se está contribuyendo eficazmente a su resolución. La Administración tiene su obligación y responsabilidad, inexcusables, y las asume, y desarrolla en sus operaciones, con los medios de que dispone; gran parte de la responsabilidad es de ella; pero el ciudadano que lo compra o consume, tiene también la suya. No es cuestion de estudios; entre los consumidores de inmaduros  se encuentran médicos, ingenieros,  periodistas, empresarios, amas/os de casa, deportistas, funcionarios, carpinterios, mecánicos, enólogos, pescaderos, etc.; sino de conciencia e información veraz; de considerarnos co-responsables del problema, del mismo lado que la normativa y la Administración, y no en la acera opuesta.

La Inspección Pesquera tambien existe

Inspectores de Medio Ambiente, de Sanidad, de Urbanismo, de Consumo, de Trabajo, de Hacienda, de la Policía Local, de la Guardia Civil, la Polícia Nacional …

Hay un cuerpo de Inspectores Pesqueros de la Junta de Andalucía,  que tambien existe, y cuyo trabajo parece no conocerse, ni reconocerse, si no fuera por los múltiples artículos que tan a  menudo nos salpican los diarios locales de Málaga.

http://www.scoop.it/t/elvirafrapolli

Sus actuaciones son  menos visibles para los ciudadanos,  malagueños o visitantes, porque muchas de ellas se desarrollan durante la noche o la madrugada, la franja horaria en la que el movimiento de pescado es incesante, mayoritariamente: la primera  venta del pescado de cerco (boquerón, sardina, jurel y caballa) en las cinco lonjas de la provincia, al alba o “a la prima”; el seguimiento y control de la pesca furtiva de “chanquetes”, que ya les contaré en otro artículo especificamente dedicado a esto; la venta de pescado y marisco, procedente de otras latitudes españolas o extranjeras, en MercaMálaga, y en sus inmediaciones, durante la madrugada; el transporte de pescado a través de carretera con destino a Mercamálaga. Tambien durante el día hay movimiento de pescado, y no menos intenso: la venta de pescado a particulares, en pescaderías, grandes superficies y mercados de abasto, de toda la provincia, durante la mañana; la restauración, y aqui incluímos, restaurantes, chiringuitos, mesones, hoteles, etc;  o la vespertina  venta del pescado de arrastre (gamba, bacaladilla, pulpo, merluza, cigala, rape, lenguado, etc.)  y marisco (chirla, concha fina, coquina, etc.) en las cinco lonjas de la provincia; sin olvidarnos del seguimiento de la actividad pesquera profesional en el mar, durante todo el día y la noche, en la patrulleras de la Inspección Pesquera para vigilar el cumplimiento de la normativa pesquera en la  actividad profesional de la pesca; y todo ello, en toda la costa, desde Sabinillas hasta Nerja, y en el interior de toda la provincia de Málaga. De ahi que los inspectores de Pesca deban realizar su trabajos en turnos de mañana, tarde y noche, a pesar del escaso número de efectivos que la componen.

¿qué cómo se hace todo eso?  pues con buenos profesionales de la Inspección, expertos, y con una larga trayectoria; con un auténtico “encaje” en la programación de los trabajos de cada turno; con la firmeza en la instrucción de los expedientes sancionadores incoados, y la imposición de las sanciones marcadas por la Ley de Pesca Autonómica, Estatal y Comunitaria; y con una estrecha colaboración con los cuerpos de Seguridad del Estado, entre los que destacan el Seprona y el Servicio Marítimo de la Guardia Civil, y a los que se han unido en los ultimos años, la Policía Local del Ayuntamiento de Málaga.

Los objetivos: el correcto etiquetado, la talla, los horarios de pesca, las profundidades de faena o calado, las épocas de veda, las licencias, la documentacion a bordo, el envasado, el medio de transporte, etc. Y no es poco lo que encuentran.

Las cifras son más llamativas aún: En los ultimos 16 años, han realizado mas de 52.500 inspecciónes, que se han saldado con el levantamiento de  más de 5.000 actas por infracción a la normativa de  pesca marítima vigente. En ese periodo se han incautado más de 425 artes ilegales, tipo boliche, birorta o jábega, y casi 1.000 barcas ilegales, dedicadas a la pesca furtiva de inmaduros de boquerón y sardinas. El decomiso de pescado y marisco decomisado durante ese periodo casi alcanza la cifra de 240 Toneladas. Son más de 5.000 los expedientes sancionadores iniciados por infracción en materia de pesca marítima de recreo; de ellos, más de la mitad, asociados a infracciones por talla inferior a la reglamentaria.

A pesar de esta eficacia, la fuerte demanda de pescado “pequeño” ligada a las tradiciones gastronómicas, e incrementada aún más durante los meses de verano por la gran afluencia turística a nuestro litoral, favorece el furtivismo de una actividad ilegal de pesca de inmaduros que, por su elevado precio, se resiste a abandonar la actividad; igual ocurre con la venta minorista, así como  la fuerte entrada de pescado inmaduro  por carretera, a Mercamálaga, para la venta a mayoristas, cuya detección en los polígonos adyacentes, no está exenta de dificultades.

La ciudadanía siempre señala a la Administración como el  responsable ineficaz, que en cierto modo no acaba con el problema porque no quiere. Lo que la ciudadanía desconoce es la cantidad de recursos materiales, económicos y humanos que se invierten en esta lucha contra la captura, transporte, comercialización y consumo de inmaduros en nuestra provincia; sin percatarse que esos recursos salen de todos los bolsillos, sin percatarse que también ellos, como consumidores finales, son parte del problema, y por tanto de su solución.

Desde la Delegación de Agricultura y Pesca de Málaga, organismo que en colaboración con otras administraciones viene luchando incansablemente desde hace muchos años contra el consumo de inmaduros, se quiere hacer hincapié en la observación de que, no se trata de acabar con nuestras costumbres y tradiciones, sino de armonizarlas con las demandas gastronómicas del turismo y con la actividad pesquera profesional. La lucha contra el consumo de inmaduros, pretende, precisamente, la sostenibilidad de los recursos  pesqueros encaminada a la continuidad de la pesca profesional,  a la conservación de esa nuestra tradición gastronómica, tan atractiva para malagueños y turistas, y  a la protección de nuestro caladero. La economía ligada al sector del turismo,  primera fuente de ingresos de nuestra provincia, no debe poner en entredicho la economía de un sector primario de nuestra ciudad, como es la pesca.

Es una cuestión de conciencia: Conservar el legado patrimonial de la pesca y el consumo de pescado en Málaga es tarea de todos.

El “adiós” al SANMAR

Quiere disimular su tristeza, pero dificilmente lo consigue. Por muy convencido que está, de su acertada decisión, apenas puede evitar que asome la humedad en sus ojos. Es toda su vida, su verdadera vocación; su amor a la mar, a la pesca, al olor de la sal, a esa soledad de las largas jornadas en el mar.

Como muchos otros, cada madrugada, el SANMAR salía de su puerto de Caleta de Vélez, a toda máquina, en busca de pescado. En el puente, un profesional de la pesca como pocos, reconocido por todos: armadores, pescadores, tripulantes, compradores, y funcionarios de una y otra Administración. Un hombre del que todos aprendíamos. En la lonja se veía cada tarde el fruto de su trabajo y de los suyos, las maravillas obtenidas del mar, extraídas con mimo y respeto, en cantidad y tamaño.

Quien ha dicho que en la mar no hay pescadores respetuosos ? , que saben que las cosas no se están haciendo del todo bien, que las cuentas no salen;  que la solución para llevar un sueldo a casa, no pasa por esquilmar cada dia los escasos recursos pesqueros; que los precios en lonjas de ese maravilloso pescado apenas cubren los gastos; que una vez vendido y hecho el reparto de ganancias  “a la parte”, no da a sus hombres para vivir dignamente, que  las ayudas comunitarias se acabarán algun día; que, aunque la pesca es todo para él y sus hombres, así no se puede seguir… ?

El día 19 de septiembre, tras 20 años de trabajo diario con su barco, somos testigos de la desgarradora actividad de  la máquina  excavadora, hincando sus afilados colmillos en el casco del SANMAR, sin compasión. En cada mordida se lleva un trozo de su vida, de su historia, de su faenar diario. Y a nuestro lado, silencioso, Sebastián se muerde los labios, escondido trás una cámara de fotos. Lleva dias nervioso y triste, pero hoy, es un día muy especial para él. Aunque joven, está curtido por el aire marino, por los sinsabores  de su profesión, endurecido por el sol. Pero cada golpe de la pala parece clavarse y golpearle el alma. No quiere ver más. Quiere mantener vivo el recuerdo del SANMAR saltando sobre las olas, soltando la red y calando puertas. Prefiere marcharse rápido,  tiene prisa;  pronto tendrá  un exámen, y quiere hacerlo bien. Se ha subido a otro barco, el del estudio del mar en la Universidad. Su amor por el mar le lleva a completar su conocimiento que de él ya tiene, con más rigor científico, colaborar con investigadores,  a fin de conocer mas sobre  ese mundo de la pesca. Su talante no le permite dejar de luchar, aunque ahora no lo requiera con apremio.

Su trato educado, correcto, tranquilo, dialogante, le hacen un magnifico conversador, con el que estaría horas y horas hablando, sin dejar de aprender. Pero tambien quiero despedirme. Siento que no es el mejor momento para él.

Sebastián, siempre adelantado a su tiempo, siempre adelantandose a todos, quiere ver mas, aprender más, y esperar a que otro momento sea mas propicio. Pisará por un tiempo suelo firme, pero él sabe donde está su sitio, donde vuelve a ser él mismo; donde se siente seguro; y sabe que volverá. Sabe que el tiempo lo llevará de nuevo al puente de otro barco; en otro momento, en otras circunstancias…. en otro mar...

La pesca profesional en Málaga

Hablar de la pesca profesional en la provincia de Málaga obliga a remontarse a los primeros asentamientos humanos de la costa malagueña, época desde la cual el hombre se vinculó al mar Mediterráneo, apareciendo dicha actividad muy tempranamente. Fenicios, griegos, y romanos desarrollaron actividades pesqueras en nuestro litoral, como lo demuestra el registro arqueológico, a través de las antiguas fábricas de salazones y “garum”. Muchas de las técnicas y artes de pesca más frecuentes hoy día en nuestro litoral, hunden sus raíces en tiempos pasados, conservando hasta nuestros días su carácter artesanal.

Algo más cercanos en el tiempo, aun quedan entrañables recuerdos en las mentes malagueñas, donde se evocan los tipismos, siempre  tan asociados a la cultura popular gastronómica. Personajes ya algo difuminados en la memoria, aunque relativamente recientes, como el cenachero, que pregonaba por nuestras calles el pescado fresco recién capturado en el rebalaje; y figuras que aun nos acompañan, como  el marengo espetando sardinas, o el redero remendando serenamente las redes sentado en la arena de la playa.  Aquellas  jábegas que cada mañana veíamos cerca de la orilla, a lo largo de todas las playas de la costa,  capturando sardinas, boquerones, chanquetes, quedaron varadas en la arena, junto a los copos y boliches que los jabegotes extraían de la mar a golpe de brazos y hombros.  Aquella estampa, aun reciente, palpita con añoranza en el corazón de muchos malagueños. Entonces, no importaba el tamaño de las redes, ni la talla de los pescados, ni los horarios de pesca; apenas existía normativa, tal vez porque la situación entonces no lo requería.

Corría la mitad del siglo XX y  eran los comienzos del emergente turismo de sol y playa que atraía a todo el mundo hacia nuestras costas en busca de productos muy nuestros. Y entre ellos, el “pescaíto”, fresco y preparado como en pocos lugares. Otros tiempos, otros mares, otras leyes….

Y crecieron nuestras ciudades costeras, las urbanizaciones y hoteles. El turismo, trajo progreso y dinero, pero a la vez incrementó enormemente la demanda de nuestros limitados recursos pesqueros.

Había que adaptarse a los tiempos, y la pesca profesional también debía hacerlo. Aumentó considerablemente la flota, y en consecuencia las distintas modalidades y artes de pesca profesional que hoy conocemos en nuestras aguas, muchas de ellas heredadas de otras civilizaciones. Sobrevinieron rigurosas  normativas a las que se debía enfrentar un sector económicamente difícil que apenas miraba más allá del día a día;  que siempre consideró el mar como la eterna despensa inagotable, donde todo se renueva, y donde la ausencia aparente de territorialidad dificulta su regulación y la gestión de sus recursos.

Málaga siempre estuvo vinculada al mar y a la pesca, pero su tradición pesquera, más allá de las jábegas que pescaban el chanquete, apenas implicaba una escasa flota  artesanal al fresco, que volvía cada día a puerto. Barcos de poca eslora, que faenaban cerca de la costa; alguna almadraba testimonial aprovechaba el paso de especies migratorias para su captura; y escasa era también la presencia de la industria conservera en tierra. Los múltiples y continuos acuerdos pesqueros que España suscribió siempre con otros países contemplaban fundamentalmente una actividad pesquera en los caladeros de países lejanos para grandes barcos de pesca, inexistentes en nuestra flota malagueña.

La incorporación de España a la UE en 1986 supuso una mejora notoria en nuestra flota pesquera profesional, desde el punto de vista tecnológico, todo ello gracias a las subvenciones comunitarias. Dichas ayudas, disponibles para nuestra flota desde la entrada en la “Europa Azul”, en el marco legal de la Política Pesquera Común (PPC), se han demostrado en el tiempo como del todo equivocadas, ya que permitieron no solo renovar y modernizar la flota, sino también aumentar significativamente el esfuerzo pesquero sobre los caladeros, al construirse barcos mas grandes y potentes, con una tecnología mas desarrollada. La consecuencia llegó pronto a nuestro país, como a muchos países comunitarios con fuerte tradición pesquera: caladeros sobreexplotados que no pueden renovar sus recursos, poniendo en entredicho la rentabilidad de la flota, y la continuidad del sector. El regreso de los barcos andaluces, que faenaban en el caladero de Marruecos, tras el cese en 1999 del Acuerdo de pesca con ese reino, incrementó el esfuerzo sobre un caladero ya debilitado. Esta situación obligó a las Autoridades Comunitarias responsables de los asuntos pesqueros a dar un giro, a finales de 2002, en las ayudas estructurales contempladas en la PPC, primando los desgüaces de barcos y otras medidas de reducción del esfuerzo pesquero, tales como la disminución de horarios, paradas biológicas, mayor selectividad en las artes, nuevas tallas mínimas más restrictivas, etc.

Y así llegamos a la difícil situación actual a la que debe enfrentarse cada día el sector pesquero de este país en general, y de Málaga en particular: Una flota pesquera profesional modernizada, con materiales nuevos, más potente y con tecnología muy sofisticada, y mayor eficacia en su actividad, pero con escasa rentabilidad, que continúa faenando al fresco en un caladero con escasos recursos; las capturas de las especies comerciales siguen cayendo en picado, mientras que los elevados gastos, sobre todo el elevado precio del combustible, y los bajos precios en lonja de un producto de elevada calidad, ponen en evidencia un deficitario sistema de comercialización, que deja pocos beneficios a armadores y pescadores, cuyo sistema de ganancias sigue siendo “a la parte”, mientras que el consumidor final debe pagar el pescado a precio de oro.

Actualmente, un total de  260 barcos pesqueros, legales, y  censados por el Ministerio, pertenecientes a la lista 3ª (profesional), salen a faenar cada día en nuestras aguas, en las distintas modalidades de pesca marítima profesional. De ellos, unas 40 embarcaciones conocidas comúnmente como “bacas”, ejercen la modalidad de arrastre de fondo, para capturar todas las especies que encuentra la red a su paso por el fondo marino: merluza, bacaladilla, lenguado, gamba, pulpo, rape, cigalas, calamares, etc. La modalidad de cerco es ejercida por  unas 35 embarcaciones  llamadas “traiñas”,  en busca de pequeños pelágicos como la sardina, el boquerón, el jurel, y la caballa. Las 125 embarcaciones marisqueras que faenan con rastro buscan cerca de la costa, las distintas especies de moluscos bivalvos y gasterópodos: coquina, chirla, concha fina, bolo, etc. Los restantes  55 barcos ejercen una pesca muy selectiva en la modalidad de artes menores, entre las que se cita: trasmallo (besugos, herreras, etc),  alcatruces o pucheros (pulpo), etc.

A las puertas de una nueva Politica Pesquera Común, revisada nuevamente, para adaptar la flota a los recursos pesqueros existentes, la situación es aún más dificil para la flota pesquera profesional de nuestro caladero. Un sector profesional que debe pagar sus impuestos, y aun debe obtener un sueldo después de pagar los elevados gastos que supone salir a faenar en un caladero frágil, cuya escasez de recursos le ha abocado en los últimos años a una situación de permanente crisis; un sector pesquero profesionalizado, que no deja atrás su primaria mentalidad extractiva, con las excepciones debidas, y que debe seguir adaptándose a las exigencias de los tiempos, con una actividad más sostenible y respetuosa con el medio del que vive; un sector pesquero que se cuestiona la rentabilidad de su flota, su continuidad  y que se asoma al futuro con una gran incertidumbre.

El Reino del boquerón, “el plateado”

Los productos pesqueros que desembarca la flota profesional de Málaga, en los cinco puertos pesqueros de la provincia, son de una elevada calidad, gracias a su frescura,  al caladero del que proceden, y a la cuidada manipulación a bordo, de los profesionales. Y es que nuestras costas, bañadas por el Mar de Alborán,  están dotadas de unas  especiales características oceanográficas y  climáticas, que garantizan una riqueza biológica y pesquera en el mar, que cobran un énfaisis especial en algunas especies como el boquerón. De entre todos los productos pesqueros malagueños, si hemos de destacar un producto estrella, ese es “el plateado”: el escaso y bien valorado boquerón.

Con densidades poblacionales actualmente muy preocupantes, el boquerón es un pequeño pelágico que, tras alcanzar los 9 cm de longitud, desova en primavera y verano, en zonas cercanas a costa, donde se captura por las traiñas que componen la flota de cerco, ayudados en muchos casos por embarcaciones auxiliares llamadas “lucero”, cuya misión es atraer al cardumen o masa de peces. Antaño era la destreza del patrón la que permitía detectar los bancos a través de la fluorescencia del plancton al paso de los peces, en lo que se conocía como la pesca “al arda”. Hoy día la tecnología a bordo permite detectar con más facilidad los peces, para posteriormente ser rodeados y capturados por la red, que será cerrada en su parte inferior, al objeto de atrapar todas las capturas y aproximarlo al barco para su “copejeo”, mediante pequeñas redes llamadas “salabares”.

Las especiales características oceanográficas de nuestro litoral (corrientes de agua profundas y superficiales, temperatura, etc.), confieren al boquerón en nuestras aguas, unas peculiaridades que le hacen un producto de extremada calidad. Para que el lector pueda entenderlo de una forma fácil: la entrada en nuestro litoral mediterráneo de agua fría en profundidad, procedente del Atlántico, a través del Estrecho, hace que se produzcan unos giros  cercanos a la costa malagueña, que llevan consigo un ascenso o afloramiento de aguas profundas y ricas en nutrientes, fenómeno conocido como “up-welling”, fertilizando nuestras aguas, elevando la producción de plancton, y haciendolas especialmente privilegiadas para la reproducción y alevinaje de muchas especies marinas, entre las que destaca sin duda, el boquerón: Engraulis encrasicholus, que en nuestro litoral es de elevada calidad, reconocida por todos, y que hace que su precio en la subasta de primera venta en lonjas alcance usualmente un precio considerable dada su escasez. Es algo similar a lo que ocurre con la quisquilla de Motril, la sardina de Vinaroz, y otras tantas especies, que, como consecuencia de la confluencia de muchos factores a nivel local, adquieren una calidad algo mayor que en otras aguas, aun siendo la misma especie.

http://www.laopiniondemalaga.es/malaga/2012/03/25/malaga-escasea-boqueron-alboran-frente-sardinas/495315.html

A pesar de ello, el boquerón lleva varios años “desaparecido”. Atrás quedaron los extraordinarios niveles de capturas registrados en los años 2001 y 2002. Las causas no son del todo específicas: fluctuaciones anuales de reclutamientos, intrínsecas a las poblaciones de pequeños pelágicos, elevada presión pesquera, elevada mortandad de estadíos larvarios por causas diversas, contaminación de las aguas costeras, etc.; y sobre todo, la captura indiscriminada de inmaduros. La captura masiva de boquerón y sardina en estado inmaduro, tanto alevin como recluta, para dar cobertura a la fuerte demanda del consumidor, ha sido uno de los factores que pusieron en peligro la capacidad de regeneración del caladero, aún hoy en entredicho.

Vamos a contar mentiras, tralará….

Hay ocasiones, en las que parece que interesa que el consumidor esté mal informado y liado, y en asuntos de pescado inmaduro, podría decirse que algo así  ha sucedido siempre en mi ciudad, y sigue sucediendo, por conveniencia de muchos: pescadores, transportistas, pescaderos, chiringuiteros, restauradores…. y algun que otro político desorientado.

Vitorianos, Manolitas, chanquetes, alevines, morralla….. y el chino.  La confusión está servida:

El autético nombre de “Chanquete”, tal y como ha descrito el reconocido Jose A. Reina en sus trabajos, es la denominacion popular en España de la especie Aphia minuta, descrita por  primera vez por Risso, en 1810;  obedece a una especie de góbido de unos 6 a 6.5 cm de longitud en estado adulto,  con cuerpo transparente, y algo pigmentado con punteaduras rojizas. Su distribución abarca todo el Mediterráneo, tanto en las costas sureuropeas, como norteafricanas y el Atlántico, desde Gibarltar hasta el Norte de Europa. No obstante, es en las costas de Málaga, donde su popularidad le han elevado tradicionalmente a la categoría de signo de identidad y símbolo gastronómico  de esta ciudad. Su pesca indiscriminada  durante muchos años, para atender la fuerte demanda del consumidor,  puso en serio peligro la supervivencia de sus poblaciones, obligando a la Administración autonómica a prohibir su  pesca y comercialización.

Ya les conté en otro artículo que solo hay una especie de boquerón: Engraulis encrasicholus. Y que de sardina, solo hay una especie: Sardina pilchardus. Ambas especies, boquerón y sardina, en los primeros estados larvarios son  morfologicamente muy similares al adulto de Chanquete (Aphia minuta), si bien, éste último podría distinguirse, entre otras cosas, por su tonalidad rosada. Esquilmado el Chanquete auténtico, son las crías de boquerón y sardina, las que ocupan su lugar en las mesas.

Y les conté que el boquerón “vitoriano” no es una especie de boquerón distinta, que crece en las aguas del municipio del Rincón de la Victoria. Sino que se llama así, por ser en las fechas cercanas a la festividad de la Virgen de la Victoria (septiembre), cuando se produce lo que se conoce como el “reclutamiento” de esta especie, el boquerón, que hace su puesta de huevos, en el mes de junio, aproximadamente; y cuyas crías aparecen en julio-agosto, capturándose furtivamente como inmaduros, mal llamados “chanquetes”, por su extraordinario parecido morfológico. El boquerón “vitoriano”, de unos 5-7 cm., aparece a continuación, en septiembre, y no es otra cosa que un “recluta”, o joven de la especie, aún inmaduro,  que va a incorporarse a la población de próximos reproductores; para nada se trata, como muchos quieren ver,  de una especie diferente de boquerón típica de nuestra zona.

También les conté que algo similar sucede con las sardinas conocidas en nuestra provincia con el nombre de “manolitas”, de menor tamaño que los 11 cm. mínimos legales establecidos para en el caladero mediterráneo;  se trata de la misma especie en todas las latitudes. La sardina hace su puesta alrededor de noviembre; desde diciembre hasta mayo, aproximadamente, se capturan las larvas de esta especie, furtivamente,  en estado inmaduro, como “chanquetes”, con los que tambien guarda gran similitud morfológica; la “manolita” , de unos 7-9 cm., aparece a continuación, en mayo-junio, aproximadamente, y se trata, pues, de un estado inmaduro o “recluta” de ésta especie, que no alcanzan la talla mínima legal.

De ahí que las capturas de los mal llamados “chanquetes” estén aseguradas todo el año en nuestras aguas,  con  las crías de ambas especies: desde diciembre a mayo, con las crias de sardina; desde julio a agosto/septiembre, con crías de boquerón; y todo ello, nocturna y furtivamente  por  barcas y botes ilegales no censados, dadas las fuertes ganancias que obtienen, a pesar de las innumerables operaciones llevadas a cabo por la Inspección Pesquera de la Junta de Andalucía,  y la Guardia Civil, tanto Seprona como Servicio Marítimo.  

Los reclutas de boquerón, llegarán en septiembre como “vitorianos”, y los de sardina, en mayo/junio como “manolitas”. Ambos reclutas son capturados por algunas traíñas de la flota pesquera profesional, nuestra o ajena,  escapando de los rigurosos controles, de lonjas y Mercas,  y a riesgo  de las fuertes sanciones que la normativa pesquera impone a este tipo de actividad ilegal, fuertemente perseguida. 

De un tamaño algo mayor, sin llegar al tamaño de los reclutas “vitorianos” ni “manolitas”, y junto con crías de muchas otras especies, conocemos a la Morralla: otro de los grandes estragos habituales; sargos, bogas, salmonetes, jureles, toritos,  boquerones, sardinas, calamaritos, besugitos, etc., crias de hasta 140 especies, componen este vergonzoso plato de fritura.

Y por si aun quedara sitio para mas confusión, llega el chanquete chino, o pez platino: de 4-6 cm, el Neosalanx tangkahkeii taihuensis, un pez de lejana procedencia, criado en piscifactorias de China, aspecto plástico, y sabor cuestionable; importado por varias empresas, con sede en España, el pez platino viene congelado, en cajas  de 1 Kg. Se muestra capaz de aguantar entre 24 a 30 horas una vez descongelado, sin perder su consistencia. y esto representa una ventaja frente al inmaduro de boquerón o sardina, o al auténtico chanquete, que solo tiene una duración de unas 8-10 horas desde su captura; tiempo a partir del cual se hace imposible manejarlo y menos aun freirlo; de ahí  que se precise la adición de un conservante, ya sea natural, como la urea contenida en la orina, usada desde toda la vida;  o un conservante sintético como el formol, que se añade “a chorro” a los cubos de pescado inmaduro, una práctica extendida actualmente, sin atender los avisos de las Administraciones sanitarias de que es un producto altamente cancerígeno. 

El Chanquete chino es “legal”, desde el punto de vista de su tamaño. Ningun problema con él, en cuanto a talla se refiere, si no fuese porque, llamar “chanquete”, a algo que no lo es, no solo es un engaño, sino un delito sancionable; si no fuese porque debe publicitarse como un producto “descongelado”, cosa que no se hace; y porque vino a confundir más aún, a un consumidor ya liado. Y porque ha venido a fomentar y camuflar la pesca de inmaduros de boquerón y sardina, de sabor más valorado; ha venido a fomentar el engaño y servir de reclamo cuando el comprador pregunta.

Los comentarios del pescadero/restaurador son variopintos:

“… si, tenemos el chanquete nuestro, pero de piscifactoria, o criadero…”.

Triple engaño:  por un lado, no existe ninguna piscifactoria de Chanquete (Aphia minuta), ni de  boquerón, ni de sardina, ni aqui, ni  en ningun otro lugar, cercano o no. No ha sido posible llevar a cabo, con éxito, el cultivo de ninguna de estas especies; sí,  del mal llamado “chanquete chino” importado de piscifactorias de Asia. Por otro, engaño, por llamarlo “chanquete” cuando no lo es; y por último, engaño, porque está ofreciendo sin informar de ello, un producto descongelado  a precio de pescado fresco.

“… tenemos el chanquete chino, porque  es legal; pero si el señor  quiere (si es cliente asiduo) podemos ofrecerle el nuestro”;

 y en ese momento toma protagonismo el inmaduro de boquerón o sardina, segun la época. En esta ocasión, engaño y daño. Engaño, porque volvemos a llamar y pagar como chanquete, algo que no lo es; y en esta ocasión, un enorme daño a las poblaciones de boquerón y sardina, que no llegarán a ser adultos. A ningun niño se le escapa que, si matamos a las crías, no habrá adultos. Pero parece que a los mayores les cuesta más entender algo tan obvio. Y argumentan que… ellos se sienten  muy malagueños, … que siempre se han comido… que si ya están muertos… que es la Administración la unica responsable …   Argumentos todos ellos, muy débiles y cortos, para justificarse y seguir consumiéndolos. Y no se creen los engaños de los que son víctimas, no se creen el daño que fomentan al pedirlos, no se creen que se añada orina o formol, no se creen los riesgos sanitarios que corren… en fin. Aunque se les informe, prefieren hacer oídos sordos.

Muchas cosas bajo el nombre de Chanquete, y nada es Chanquete, sino un engaño. Porque el Chanquete (Aphia minuta), está bastante esquilmado en nuestras aguas. Y solo es posible consumirlo en algunos restaurantes de otras Comunidades autónomas, y eso sí, pagándolo. Aquí en Andalucia, su pesca y comercialización está prohibida indefinidamente desde 1988, al igual que el uso de todas las artes de pesca usadas tradicionalmente para su captura,  llamadas de tiro o de playa, como el boliche, el boliche roa, la jábega (nombre que también recibe la barca de origen fenicio con la  que antiguamente se pescaba), la jábega real, la media jábega, la birorta, etc.; artes que se trabajan desde la playa o desde embarcación, y que tienen en común la presencia de una parte final en la red, en forma de bolsa,  practicamente ciega, llamada “copo”, y que,  dado el pequeñisimo tamaño de la malla,  indiscriminadamente se lleva todo cuanto encuentra a su paso, incluyendo todo tipo de residuos, y por supuesto, todo el pescado inmaduro; crías de muchas especies, entre ellas, de boquerón y sardina, y los pocos ejemplares adultos que van quedando del Aphia minuta (el chanquete auténtico); artes de playa que, bajo el nombre genérico de “copo” todos hemos visto, a amanecer, salpicados por todo el litoral malagueño.  Aún sobreviven vestigios de aquella actividad “bolichera”, en las zonas en las que siempre estuvo presente esta tradición: El Palo, El Bulto, Torre del Mar, etc.;  pero ahora furtivamente buscando  los fáciles ganancias que ofrece siempre una mercancía ilegal.

Mientras el consumidor no se conciencie del daño y del engaño, el inmaduro se seguirá pescando.  Si, si, yo tambien  comí todo esto, cuando era pequeña, y ya hace muchos años de eso; cuando estaba tan mal informada como la mayoría de los malagueños y visitantes, y como aún sigue estando una gran parte de los consumidores.   Hoy me sigo sintiendo tan malagueña como siempre y por eso, y porque amo a mi ciudad, con mayor conciencia, quiero poner mi granito de arena,  a fin de mantener el consumo de pescado, como su gran signo de identidad, pero de una forma responsable, para que nunca tengamos que recordar éstas tradiciones, lamentándonos de nuestra ignorancia.