Las sanciones

Si han leído el articulo referente a las pérdidas y ganancias  de la actividad furtiva de pesca de inmaduros, tal vez hayan percibido la redondez de este negocio. Así es,  pero, como ilegal y furtivo que es, está expuesto fuertes sanciones.  La lucha contra la pesca de inmaduros es materia prioritaria para la Administración pesquera de ámbito autonómico, estatal y comunitario. Y a ella se añaden las Fuerzas del orden Público.

El peso de la Ley de Pesca Andaluza cae duramente sobre  los infractores,  tanto si se trata de pesca  profesional, recreativa, o furtiva, tipificándola  como una infracción de carácter “grave”,  y con sanciones que pueden llegar con facilidad  hasta los 60.000 euros.

La pesca furtiva de pescado inmaduro,  conlleva en sí varias infracciones a  la vez, todas ellas de carácter grave:  el ejercicio de una actividad sin la correspondiente autorización y  sin figurar en los censos;  el incumplimiento de horarios reglamentarios; la ausencia de documentación de la embarcación y tripulantes; el uso y  tenencia a bordo de artes, aparejos o útiles de pesca no reglamentarios; la descarga en lugares no autorizados; la pesca, tenencia, transbordo o desembarco de especies que no alcancen la talla reglamentaria, o que se encuentren vedadas; la no comercialización en primera venta; etc.

Lo mismo podríamos decir de la tenencia, el transporte,  el almacenamiento, la transformación, la exposición y la venta, en cualquiera de las formas previstas legalmente, de productos pesqueros prohibidos o de talla o peso inferior a la reglamentada, y sin la documentación reglamentaria.  Igualmente son  tipificadas como “graves” por la legislación estatal vigente, y sancionables con multas de hasta 60.000 euros, dependiendo, entre otros factores, de la cantidad de pescado decomisado, la reincidencia, etc.

Aparte de las sanciones directas, se imponen las sanciones accesorias, como la incautación de artes, embarcaciones, el decomiso de los productos, etc.

Estamos hablando, claro está, de la vía administrativa. Las sanciones por la vía penal podrían conllevar cárcel, si el delito llega a ser estimado por el  Juzgado de lo Penal, dado que transporte y venta de inmaduros, conlleva la adición de un conservante, natural o sintético, lo que  supone un peligro para la salud pública.

En los últimos 12 años, han sido mas de 1.800 los  expedientes sancionadores incoados en la Delegación Territorial de Agricultura y Pesca y Medio Ambiente de Málaga, por infracciones relacionadas con inmaduros, ya sea por pesca, transporte o comercialización, tanto en el ámbito de mayoristas como de minoristas en pescaderías y en el sector de la restauración.

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Ganancias, pérdidas y daño

En este artículo quiero darles algunas cifras estimadas, relacionadas con las ganancias obtenidas de la pesca furtiva de inmaduros, las sanciones establecidas por la legislación vigente,  la repercusión que las capturas de inmaduros de boquerón y sardina en las poblaciones de adultos de dichas especies; y esa repercusión en pérdidas económicas futuras si llegaran a su talla adulta.

Las ganancias

Las ganancias dependerán principalmente de la demanda, de la época del año, del número de barcas que salgan cada noche; la calidad del producto es otro factor que influirá en el precio; así, un producto “revuelto” se presenta muy mezclado con otras especies, y hace que el precio sea inferior, al que alcanza  cuando el  producto es “limpio”, es decir, larvas de boquerón y/o sardinas, únicamente.

En  pleno verano, la época de mayor demanda, y por tanto de mayor actividad furtiva, puede haber un promedio de 5-10 barcas cada noche, pescando furtivamente, repartidos entre El Palo-El Bulto-Huelin, a los que  se añaden, a menudo, Torre del Mar; la cifra puede llegar hasta 15 – 20 barcas/noche, en algunos momentos del año.  Cada barca puede salir a pescar y después descargar en la playa, varias veces en la noche, y puede llegar a pescar una media de 5 cubos/noche, (cada cubo tiene unos 7-8 Kg de larvas o crías de sardinas y/o boquerones), habiéndose registrado noches con mas de 10 cubos/barca. En esta época, el precio  alcanza la cifra media de 100 – 120 euros/cubo, que pagará el pescadero minorista o el dueño de un chiringuito; pero este precio se eleva hasta una media de 140 €/cubo cuando el producto escasea. Cuando el producto es “limpio” (sin mezcla de otras especies) y aun no está “vestido” (transparente como el auténtico chanquete, aphia minuta, que apenas se distingue qué especie es), puede alcanzar el precio de  150 €/cubo, e incluso más.

Tomen una calculadora y hagan los cálculos.  Yo he elegido las cifras de mínimos,  pero no pierdan de vista que hablamos de estimaciones y medias, lo que quiere decir que las cuantías pueden ser fácilmente superables, dependiendo de los factores que he expuesto. Les aseguro que mis fuentes son tan fiables como cercanas a las barcas.

5-10 barcas/noche
5-10 cubos/barca/noche
7-8 Kg/cubo
100-140 €/cubo
2-3 personas/barca

7 barcas/noche  x 7 cubos/barca x  7 Kg/cubo =  340 – 345 Kg/noche, 

7 barcas/noche  x 7 cubos/barca x 120 €/cubo = 5800-6000 €/noche,

 lo que significa una media de unos 800 – 850 €/barca/noche.

En cada barca van 2-3 personas, que  repartirán las ganancias,  negras como el carbón; algo se pagará en callar bocas de confidentes nocturnos.

El “negocio” es lucrativo, y no solo, para el pescador furtivo, sino para el pescadero que lo venderá, el transportista que lo llevará furtivamente en su furgoneta, y el chiringuitero que lo servirá en sus mesas; los distintos componentes de la red de este mercado negro.

El pescadero pagó unos 100-120 €/cubo (7-8 Kg.), (unos 14 – 17 €/Kg.) y lo venderá a unos  20 €/Kg, a particulares, para consumo doméstico; o sea, el particular paga unos 5 € por 1/4 Kg. El pescatero le gana unos 3-6 € a cada Kg. que vende. El particular, ademas, se encontrará al llegar a casa, que el producto comprado ha mermado su peso ya que una parte era hielo o agua.

Precio del cubo para el pescadero = 100 – 120 €/cubo = 14 – 17 €/Kg.

Precio en pescadería, al particular =  5 €/250 gr = 20 €/Kg.

Ganancia para el pescadero = 3 – 6 €/Kg

El chiringuitero pagó unos 100-120 €/cubo (7-8 Kg.),  (unos 14 – 17 €/Kg.) y lo venderá a unos 12-15 €/ración.  Si cada ración pesa unos 150 – 200 gr.,  significa que está vendiendo el producto a unos 75-100 €/Kg., y multiplica por 7  su precio, ganándole un promedio de 7585 euros a cada Kg. vendido.

Precio del cubo para el chiringuitero = 100-120 €/cubo = 14 – 17 €/Kg.

Precio  al comensal = 12-15 €/ración (150-200 gr) = 75-100 €/Kg.

Ganancia para el chiringuitero = 75 – 85 €/Kg

Como verán el ultimo eslabón de todo el negocio  es siempre  el consumidor, que forma parte de la cadena o red, de forma consciente y voluntaria, aunque desconociéndola muy a menudo, y engañado en la mayoría de los casos, porque paga como “chanquete” un producto que no lo es. Si no hubiera demanda por parte del consumidor, ya sea en la pescadería como en el chiringuito, nada de estas ganancias existirían. Así que no me vengan algunos con los argumentos de que el consumidor no puede hacer nada ante tan complejo problema. Puede hacer, y mucho: no pedirlos; así de simple.

El daño 

Ya les conté en el artículo titulado “Vamos a contar mentiras, tralará”, que un cubo de “chanquetes” (crías de sardinas o boquerones), estará constituido por un porcentaje diferente de ambas especies,  dependiendo de la época del año en que nos encontremos, como consecuencia de los distintos momentos de puesta que poseen ambas especies. El plato de los mal llamados “chanquetes”, está asegurado todo el año, con las crías de ambos, pero en cada momento predominará una sobre otra.

Estimaciones hechas por técnicos de la Delegación Territorial de Agricultura,  Pesca y Medio Ambiente, de  la Junta de Andalucía, en Málaga, sobre dos muestras de pescado inmaduro incautado por la Inspección Pesquera,  revelan cifras sorprendentes.

La metodología utilizada es simple: extrapolar el peso del nº de ejemplares inmaduros que componen la muestra, a lo que pesaría ese número de individuos si llegaran a adultos.  Las conclusiones de dicho estudio son reveladoras: si se dejara crecer 750 gr de pescado inmaduro, constituido principalmente por sardinas, obtendríamos:

122.61 Kg de sardinas de 14 cm, ó 105.66 Kg de sardinas de 15 cm, ó 148.8 Kg de sardinas de 17 cm.

Es decir, 3/4 Kg de sardinas inmaduras, si se dejaran crecer hasta alcanzar 15 cm, incrementarían en más de 130 veces su  peso inicial.

Las debilidades del estudio realizado son obvias, dado que existe una mortandad natural de crías en el medio natural que no se ha tenido en cuenta en este estudio; así mismo, y desde el punto de vista estadístico, debe gozar del rigor científico que obliga a que  deba repetirse varias veces y a lo largo de todo el año. Pero no me negarán ustedes que el dato es revelador del daño que se produce a la especie, al no dejarla llegar al estado adulto y no poder  reproducirse.

Si esta conversión (x 130) fuese así de sencilla, podríamos afirmar que los 340 – 345 Kg de sardinas inmaduras que se pescan en una noche, significarían mas de 44.000 – 45.000 Kg de sardinas adultas,  si se dejaran crecer hasta la talla de 12-15 cm.

Pero lógicamente es algo más complejo. Hice la correspondiente consulta a los técnicos del IEO de Málaga, y así lo confirman. En el medio marino, las larvas de todas las especies en general, y de los pequeños pelágicos, como las sardinas y boquerones, en particular,  son altamente influenciables por elmedio ambiente fluctuante y se encuentran sometidos a una mortandad natural, en la que intervienen multitud de factores: circulación hidrografica, depredación, temperatura de las aguas, calidad genética de los progenitores (a mayor edad o talla de los individuos maduros, mayor calidad progenitora), concentración o dispersión larvaria, etc., entre otros. La mortandad natural, además, es mayor en los primeros estadíos larvarios, y disminuye con el desarrollo de éstas. Esto hace que sea imposible establecer un % de mortandad, que nos permitiese establecer un coeficiente multiplicador, y  afirmar que, una cantidad concreta de inmaduros, se convertiría en tal cantidad de adultos, si se les permitiera crecer.

Pero, permítanme un supuesto, e imaginemos una  mortandad natural de larvas fuese del 50 %. Estaríamos hablando de unos 170  Kg de larvas de sardinas cada noche, que llegarían a convertirse en unos 22.100 Kg de sardinas adultas de 15 cm., y a las que se impide crecer, cada día. Sin duda, una barbaridad, diaria.

Las pérdidas

Actualmente, la comercialización de sardinas y boquerones en estado adulto  en las lonjas de los cinco puertos pesqueros de la provincia, se realiza en cajas de poliespan, conteniendo unos 7 Kg de pescado/caja. En el estudio que nos ocupa, la muestra de  750 gr de sardinas inmaduras se hubiesen traducido en unos 105 Kg de sardinas adultas; es decir, mas de 15 cajas de sardinas adultas de 15 cm de talla. Si el precio medio de la sardina en lonjas es de 20 euros/caja, las 15 cajas de sardinas adultas, (procedentes de los 750 gr. iniciales de sardinas inmaduras), hubiesen significado una venta en lonja de sardinas adultas de 300 euros. Y ello, sin tener en cuenta la mortandad natural.

Si en una noche se pesca una media de 340-345 Kg. de crías, y suponiendo una mortandad natural del 50 %, éstas crías podrían llegar a ser 22.100 kg de sardinas adultas de 15 cm., que supondrían 3.150  cajas, de 7 Kg, que vendidas en  lonja a 20 €/caja, representan una pérdida para el sector pesquero extractivo profesional, cada madrugada, de unos 64.000 euros.

El Kg de sardina (adulta) en pescaderia tiene un precio medio de 4 euros/Kg., aunque en verano este precio puede superar los 6 €/Kg;  Esos 22.100 Kg de sardinas perdidas cada dia, significan que que el sector comercial minorista, legal, cada día, deja de vender sardinas adultas por un valor superior a los 88.500 euros.

En un chiringuito, el precio medio del espeto de sardinas (compuesto por un promedio de 8 sardinas), es de unos 6 €/espeto. Con un kg de sardinas se preparan aproximadamente unos 5 espetos. Si dejásemos crecer  los 170 Kg de crías de sardinas pescados en una noche podrían convertirse en un total de 22.100 Kg de sardinas adultas, es decir unos  110.000  espetos, que vendidos en la mesa a 6 €/espeto, significan la escalofriante cifra de más de 660.000 euros cada día, que podrían proporcionar esas sardinas adultas al sector de la restauración si no hubiesen sido capturadas en su fase larvaria.

Ganancias para unos, pérdidas para otros, daños para todos.

 

Detrás de un plato de “chanquetes”

He hablado mucho de la actividad furtiva de pesca de “chanquetes”. El lector tal vez piense o evoque aquellos tiempos en que las jábegas llegaban a la playa despues de echar el “lance”, se sacaba “el copo” entre muchos, a golpe de tirones de los cabos de los extremos de la amplia red, hasta que se acercaba a la orilla, y se recogía la pesquera en baldes o cubos; y casi allí mismo se vendía, delante de todos. Hoy no es muy diferente, si no fuese porque ésta actividad y las artes usadas, hoy están totalmente prohibidas, y todo debe hacerse de un modo furtivo, rápido, y a escondidas.

En efecto, mas allá de la pesca ocasional de pescado en talla inferior a la reglamentaria, por algunas embarcaciones de la lista 3ª (pesca profesional), la pesca de inmaduros en Málaga se desarrolla, desde hace más de 20 años, de forma furtiva y clandestina por otro tipo de embarcaciones.

¿cómo es esta actividad? Les voy a contar a ustedes cual es el escenario que cada noche se produce para desarrollar la pesca ilegal de inmaduros de boquerón o sardina, los mal llamados “chanquetes”: se trata, como digo, de una pesca furtiva llevada a cabo por pequeños botes o embarcaciones, casi siempre ilegales; es decir, sin documentación alguna, sin el folio ni matrícula (o falsos) que debe tramitarse en la Capitanía Marítima, y sin los permisos requeridos, muy a menudo robadas de los varaderos o de las playas; o bien embarcaciones de recreo o deportivas, con toda su documentación en regla, pero dedicadas a esta actividad ilícita; y no faltan las embarcaciones construídas de forma rápida en astilleros irregulares improvisados a pie de playa, que también forman parte de la red de ganancias.  No les miento si les digo que a veces se trata de hidropedales, o meros artefactos flotantes construidos con un simple palét, desde donde echar el lance.

Las zonas especialmente “calientes” son El Bulto, Huelin, El Palo, el interior del Puerto de Málaga, Torre del Mar, mayoritariamente.

Sus tripulantes, muy reincidentes,  en muchos casos ya identificados y detenidos o buscados por la Guardia Civil, por tener diversas causas pendientes con la justicia, asociados a temas de narcotráfico. Su detección por la Inspección Pesquera para una posterior actuación, exige el continuo seguimiento previo de esta actividad, en horario de noche y madrugada. Un trabajo que se desarrolla en duras condiciones, no exentas de peligro, cercanas a veces al camuflaje, con muchas horas de espera hasta que llega la hora de su inicio; cuando son detectados, se producen continuas amenazas verbales a los integrantes del equipo de la Inspección y a sus superiores, bien en ese momento, o bien anonimamente por teléfono, a los que se somete a contraespionaje;  los apedreos y las agresiones físicas y verbales a los inspectores pesqueros son frecuentes; incendios de vehículos oficiales y particulares; los infractores y su red de colaboradores, no dudan en llevar a cabo el robo de barcas, motores y artes, ya incautadas, en la nave usada por la Inspección Pesquera para el depósito de este tipo de material, obligando a continuos cambios de ubicación de la misma, a cambios de vehículos, rutas, horarios y hábitos, etc., debiendo extremarse las precauciones; motocicletas de escasa cilindrada que vigilan; móviles que se activan en la madrugada para facilitar información sobre los movimientos de los inspectores; garajes particulares que en la noche se abren y cierran para sacar o meter los artes de pesca, motores e incluso barcas; boliches, birortas y otros artes con un copo ciego como un velo de novia, donde todo queda retenido excepto el agua; furgonetas esperando la mercancía; botes de gasolina para amenazar con prenderse fuego a sí mismos, si son sorprendidos por la inspección o por los agentes de la Guardia Civil; generadores de luz para atraer más pescado, barcas viejas que cambian de colores o características cada día; cubos cargados de crías de boquerón y sardinas que desaparecen en las calles en pocos minutos; botes de formol para añadir masivamente a los cubos, a fin de mantener el pescado durante varias horas hasta su consumo (antiguamente era la orina lo que se usaba); barcas que se construyen rápidamente en astilleros irregulares improvisados en la misma playa, por carpinteros que son parte de la red ilegal de ganancia; varaderos “irregulares”, en las playas de nuestra capital, y de ciertas localidades como Torre del Mar, donde se acumulan las embarcaciones ilegales, junto a congeladores o arcones viejos cerrados con candados, donde se guardan artes, botellas de formol, etc.; huídas, insultos, apedreos con tornillería a bordo de las barcas; … y dinero, mucho dinero negro, todo ganancias, que va a parar a los bolsillos de unos pocos.  La mayoría de las veces, los infractores salen huyendo de la Inspección Pesquera, haciendo imposible su identificación, y la incoación del correspondiente expediente sancionador, dejándonos solo la posibilidad a la inmovilización de la embarcación ilegal, dentro del marco jurídico vigente. Una vez hecho el  seguimiento de lo que llamamos “bolicheo”, identificadas las barcas, infractores, horarios, zonas, capturas, desembarque, trasporte, etc.,  y todo ello documentado fotográficamente, se realiza el diseño de operaciones especiales, conjuntas con el Seprona o el Servicio Marítimo de la Guardia Civil, sin cuyo apoyo sería imposible el desarrollo con éxito de este control.

Este es el escenario que se encuentra cada noche la Inspección Pesquera y los Agentes de la Guardia Civil, para desarrollar su trabajo. Esta es la actividad que se desarrolla nocturnamente entorno a la pesca y venta de “chanquetes”. Y no me lo ha contado nadie. Les puedo asegurar a ustedes que es así, porque lo he visto muchas veces, cuando he salido con los inspectores de pesca de Málaga, por la noche-madrugada, a presenciar su trabajo, poniendo en peligro su integridad. Esto es lo que hay detrás de un plato de “chanquetes”. Y a esto contribuye el consumidor, sin saberlo, cuando lo demanda; ya que mientras se consuman, se pagará por ellos, y mientras haya ganancias, se seguirá pescando, haciendo inútil este trabajo.

Muchos malagueños siguen viendo en esta actitud de la administración, una amenaza a uno de los signos de identidad: el “pescaíto”, sin darse cuenta de la amenaza que esta actividad furtiva supone, a otro: el boquerón, y la sardina, cuyas poblaciones se ven dramáticamente mermadas por esta captura masiva de crías. El consumidor piensa además, que a nivel individual no puede resolverse el problema dada la compleja naturaleza del mismo, pero debe saber que él forma parte ineludible de la solución y que, si se rechaza de forma individual, se está contribuyendo eficazmente a su resolución. La Administración tiene su obligación y responsabilidad, inexcusables, y las asume, y desarrolla en sus operaciones, con los medios de que dispone; gran parte de la responsabilidad es de ella; pero el ciudadano que lo compra o consume, tiene también la suya. No es cuestion de estudios; entre los consumidores de inmaduros  se encuentran médicos, ingenieros,  periodistas, empresarios, amas/os de casa, deportistas, funcionarios, carpinterios, mecánicos, enólogos, pescaderos, etc.; sino de conciencia e información veraz; de considerarnos co-responsables del problema, del mismo lado que la normativa y la Administración, y no en la acera opuesta.