El guardián del caladero

Reproduzco aquí las palabras de Pilar R. Quirós en el Diario Sur de 27/5/2009, dedicadas al que fué Jefe de la Inspección Pesquera de Málaga,  Javier Sáinz Gutiérrez.
 
Tiene pánico escénico. Por eso, su nombre nunca ha aparecido en los medios. Y, sobre todo, nunca ha sido un hombre con afán de protagonismo. Pero eso no ha sido óbice para que Javier Sainz, el jefe de la Inspección Pesquera de la Junta, que ahora se jubila, haya sido el artífice, con ayuda de la Guardia Civil y de su brillante equipo, del fin de las lonjas clandestinas en El Bulto y Torre del Mar. Él miraba impotente allá por el año 99 cómo cerca de un millar de bolicheros (pescadores ilegales) trabajaban con total impunidad esquilmando el ya de por sí deteriorado caladero malagueño.
De hecho, en 1998 consiguió poner a raya a los pescadores que se dedicaban a la captura de inmaduros a base de inspecciones por sorpresa y de un decomiso histórico de chanquetes a unos conocidos empresarios de la Costa, a los que multó con diez millones de pesetas. Pagaron su multa y se concienciaron, y con el tiempo se convirtieron en buenos amigos de Javier. «Ellos tuvieron un desliz y lo pagaron, pero son dos buenas personas; todo el mundo comete errores», decía mientras facilitaba que la prensa hiciese un reportaje sobre los chanquetes chinos en uno de los restaurantes de estos hosteleros en La Carihuela.
La pesca legal la tenía controlada. Había conseguido entrar con la máxima autoridad en las lonjas y revisar las tallas del pescado. Y sus inspectores levantaban actas de infracción cuando el tamaño, el modo de transporte o el envase no eran los adecuados. Pero, la espina de los bolicheros (los más dañinos con el caladero) la seguía teniendo clavada. Además, odiaba los comentarios de los pescadores que le reprochaban que contra los furtivos no se hacía nada. Pero es que éstos vivían totalmente al margen de la ley, fuera de los controles sanitarios, de las lonjas, y era difícil llegar a imponerles disciplina.
Pero un día, en 1999, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo, consiguió llevar en la embarcación de la Inspección Pesquera a una periodista, que no iba acreditada, que no llevaba el permiso oportuno y que no tenía seguro. «Tú, si quieres te montas, pero es bajo tu responsabilidad. No te vas a creer lo que vas a ver; ya verás», le dijo. El reportaje, con fotos de decenas de bolicheros corriendo por las playas, salió publicado, para la estupefacción de muchos. El hecho en sí se conocía, pero nunca había salido a la luz con tanta claridad.
El primero que no daba crédito era el que por entonces era el subdelegado del Gobierno, Carlos Rubio, que llevaba poco tiempo en Málaga. Gracias a este testimonio, Rubio y el que fuera delegado de Agricultura y Pesca, José María Rodríguez, sellaron un pacto tácito para acabar con esta lacra. Así, este hombre bajito e incansable trabajador conseguiría en tan sólo dos años, con la nueva ayuda de la Guardia Civil, acabar con esta actividad, que impedía que los pescadores obtuviesen su pan, como ha dicho tantas veces. Este hecho posibilitó que Rubio, Rodríguez y Ramón Alvargonzález, que era jefe de Pesca de la Subdelegación, recibieran del entonces ministro de Agricultura, Miguel Arias, la Encomienda de Número al Mérito Pesquero. Y ese día, en diciembre de 2001, en el que se celebraba de forma oficial el fin de la pesca ilegal, el Gobierno se olvidó de él, del principal artífice.
Pero nunca protestó. Nunca quiso honores y la máxima en su trabajo siempre fue «la eficiencia», como reseña su hasta hace poco jefa de Pesca, Elvira Frapolli. Ahora se retira y el caladero de Málaga se queda huérfano. Su buen equipo deberá continuar con su gran labor silenciosa.

Lluvia de millones para los bolicheros de Málaga

Despues de un tiempo algo retirada, vuelvo a entrar en este mi espacio, lleno de redes, para contarles algo que, quizas esté en el conocimiento de muy pocos.

Esta lucha de la Administración pesquera en Málaga, por perseguir la pesca furtiva de inmaduros, no es nueva ni reciente. Tenemos que remontarnos a la década de los 80, para encontrar el primer intento coordinado entre diversas Administraciones, para atajar el problema de la pesca de inmaduros, que crecía en algunas playas de Málaga y provincia. Y es que la demanda de pescado inmaduro, en sustitución del chanquete, procedente de la hostelería y del comercio minorista, como consecuencia del boom turístico, había alcanzado cotas elevadísimas, y comenzaban a poner en peligro la existencia de determinadas especies, principalmente boquerón y sardina.

Y ocurrió algo que pocas veces se ha repetido: una perfecta alianza entre  Administraciones de distinto ámbito y signo político. La Subdelegación del Gobierno en Málaga, en 1983, por aquella época con las siglas del PP, y la Delegación de Agricultura y Pesca de la  Junta de Andalucía en Málaga, con las del PSOE, sin intereses partidistas, sino persiguiendo el bien general y el sentido común, se aliaron en un Programa coherente e integral, para proteger los caladeros de la provincia, regular el uso de las artes de tiro o playa,  y acabar en lo posible con el problema de la pesca de crias de boquerón y sardina, para sustituir en las mesas al que un día fué el auténtico chanquete (Aphia minuta), y del que no he dejado de hablar en este blog. A este Programa capitaneado por Subdelegación del Gobierno, se unieron Capitanía Marítima, Cofradía de Pescadores de Málaga, Ayuntamiento, Instituto Social de la Marina, Instituto Español de Oceanografía, Comandancias de Marinas, Ministerio del Interior, etc.

En 1984 y 1985, se destinó 232 millones de pesetas para subvencionar la retirada de un censo de 385 personas y 165 barcas que, a cambio, solo tuvieron que entregar las artes, y que en su mayoría se reconvirtieron a la lista 3ª (profesional) hacia la modalidad de artes menores como el trasmallo, marisqueo, el sardinal, o el alcatruz.

 El programa no estuvo exento de incidentes de tipo social, por algunos grupos que lo consideraron un atentado contra nuestro mayor signo de identidad.

En 1988 quedó establecida la veda indefinida del chanquete (Aphia minuta) y la prohibición del uso de las artes de playa (copo, boliche, birorta, jábega, etc.). Desde entonces, la pesca e inmaduros por “bolicheros” ha sido ilegal, y por tanto, clandestina y furtiva.

Una vez se dió por finalizado el Programa de establecimiento del censo y el reparto de las subvenciones, la Subdelegación del Gobierno puso en marcha, en 1999, el Plan coordinado de lucha contra la pesca ilegal de inmaduros, en colaboración con la Delegación de Agricultura y Pesca de la Junta de Andalucia, en Málaga, y con la valiosa colaboración de la Guardia Civil (Seprona, Servicio Marítimo y Unidad de Vigilancia Litoral).

A pesar del éxito, no fue posible la total erradicación del colectivo, y algunos de ellos tomaron las artes que no entregaron, y siguieron ejerciendo la actividad furtivamente con el cierto apoyo popular que han venido recibiendo. Las actuaciones que hoy aun siguen diseñando por la Delegación de Málaga para la lucha contra esta pesca furtiva son continuación del citado Plan en estrecha colaboración con las Fuerzas del Orden Público.

Hoy dia, siguen muchos de ellos; o mejor dicho sus indignos descencientes; aquellos que no quisieron reconvertirse a otras artes, hoy legales; han retomado las redes que no entregaron, y con cuatro maderos se hacen una barca, o la roban de la  playa, para echarse al negocio del inmaduro o de la droga. ¿no creen que ya recibieron bastante?