El “adiós” al SANMAR

Quiere disimular su tristeza, pero dificilmente lo consigue. Por muy convencido que está, de su acertada decisión, apenas puede evitar que asome la humedad en sus ojos. Es toda su vida, su verdadera vocación; su amor a la mar, a la pesca, al olor de la sal, a esa soledad de las largas jornadas en el mar.

Como muchos otros, cada madrugada, el SANMAR salía de su puerto de Caleta de Vélez, a toda máquina, en busca de pescado. En el puente, un profesional de la pesca como pocos, reconocido por todos: armadores, pescadores, tripulantes, compradores, y funcionarios de una y otra Administración. Un hombre del que todos aprendíamos. En la lonja se veía cada tarde el fruto de su trabajo y de los suyos, las maravillas obtenidas del mar, extraídas con mimo y respeto, en cantidad y tamaño.

Quien ha dicho que en la mar no hay pescadores respetuosos ? , que saben que las cosas no se están haciendo del todo bien, que las cuentas no salen;  que la solución para llevar un sueldo a casa, no pasa por esquilmar cada dia los escasos recursos pesqueros; que los precios en lonjas de ese maravilloso pescado apenas cubren los gastos; que una vez vendido y hecho el reparto de ganancias  “a la parte”, no da a sus hombres para vivir dignamente, que  las ayudas comunitarias se acabarán algun día; que, aunque la pesca es todo para él y sus hombres, así no se puede seguir… ?

El día 19 de septiembre, tras 20 años de trabajo diario con su barco, somos testigos de la desgarradora actividad de  la máquina  excavadora, hincando sus afilados colmillos en el casco del SANMAR, sin compasión. En cada mordida se lleva un trozo de su vida, de su historia, de su faenar diario. Y a nuestro lado, silencioso, Sebastián se muerde los labios, escondido trás una cámara de fotos. Lleva dias nervioso y triste, pero hoy, es un día muy especial para él. Aunque joven, está curtido por el aire marino, por los sinsabores  de su profesión, endurecido por el sol. Pero cada golpe de la pala parece clavarse y golpearle el alma. No quiere ver más. Quiere mantener vivo el recuerdo del SANMAR saltando sobre las olas, soltando la red y calando puertas. Prefiere marcharse rápido,  tiene prisa;  pronto tendrá  un exámen, y quiere hacerlo bien. Se ha subido a otro barco, el del estudio del mar en la Universidad. Su amor por el mar le lleva a completar su conocimiento que de él ya tiene, con más rigor científico, colaborar con investigadores,  a fin de conocer mas sobre  ese mundo de la pesca. Su talante no le permite dejar de luchar, aunque ahora no lo requiera con apremio.

Su trato educado, correcto, tranquilo, dialogante, le hacen un magnifico conversador, con el que estaría horas y horas hablando, sin dejar de aprender. Pero tambien quiero despedirme. Siento que no es el mejor momento para él.

Sebastián, siempre adelantado a su tiempo, siempre adelantandose a todos, quiere ver mas, aprender más, y esperar a que otro momento sea mas propicio. Pisará por un tiempo suelo firme, pero él sabe donde está su sitio, donde vuelve a ser él mismo; donde se siente seguro; y sabe que volverá. Sabe que el tiempo lo llevará de nuevo al puente de otro barco; en otro momento, en otras circunstancias…. en otro mar...

La pesca profesional en Málaga

Hablar de la pesca profesional en la provincia de Málaga obliga a remontarse a los primeros asentamientos humanos de la costa malagueña, época desde la cual el hombre se vinculó al mar Mediterráneo, apareciendo dicha actividad muy tempranamente. Fenicios, griegos, y romanos desarrollaron actividades pesqueras en nuestro litoral, como lo demuestra el registro arqueológico, a través de las antiguas fábricas de salazones y “garum”. Muchas de las técnicas y artes de pesca más frecuentes hoy día en nuestro litoral, hunden sus raíces en tiempos pasados, conservando hasta nuestros días su carácter artesanal.

Algo más cercanos en el tiempo, aun quedan entrañables recuerdos en las mentes malagueñas, donde se evocan los tipismos, siempre  tan asociados a la cultura popular gastronómica. Personajes ya algo difuminados en la memoria, aunque relativamente recientes, como el cenachero, que pregonaba por nuestras calles el pescado fresco recién capturado en el rebalaje; y figuras que aun nos acompañan, como  el marengo espetando sardinas, o el redero remendando serenamente las redes sentado en la arena de la playa.  Aquellas  jábegas que cada mañana veíamos cerca de la orilla, a lo largo de todas las playas de la costa,  capturando sardinas, boquerones, chanquetes, quedaron varadas en la arena, junto a los copos y boliches que los jabegotes extraían de la mar a golpe de brazos y hombros.  Aquella estampa, aun reciente, palpita con añoranza en el corazón de muchos malagueños. Entonces, no importaba el tamaño de las redes, ni la talla de los pescados, ni los horarios de pesca; apenas existía normativa, tal vez porque la situación entonces no lo requería.

Corría la mitad del siglo XX y  eran los comienzos del emergente turismo de sol y playa que atraía a todo el mundo hacia nuestras costas en busca de productos muy nuestros. Y entre ellos, el “pescaíto”, fresco y preparado como en pocos lugares. Otros tiempos, otros mares, otras leyes….

Y crecieron nuestras ciudades costeras, las urbanizaciones y hoteles. El turismo, trajo progreso y dinero, pero a la vez incrementó enormemente la demanda de nuestros limitados recursos pesqueros.

Había que adaptarse a los tiempos, y la pesca profesional también debía hacerlo. Aumentó considerablemente la flota, y en consecuencia las distintas modalidades y artes de pesca profesional que hoy conocemos en nuestras aguas, muchas de ellas heredadas de otras civilizaciones. Sobrevinieron rigurosas  normativas a las que se debía enfrentar un sector económicamente difícil que apenas miraba más allá del día a día;  que siempre consideró el mar como la eterna despensa inagotable, donde todo se renueva, y donde la ausencia aparente de territorialidad dificulta su regulación y la gestión de sus recursos.

Málaga siempre estuvo vinculada al mar y a la pesca, pero su tradición pesquera, más allá de las jábegas que pescaban el chanquete, apenas implicaba una escasa flota  artesanal al fresco, que volvía cada día a puerto. Barcos de poca eslora, que faenaban cerca de la costa; alguna almadraba testimonial aprovechaba el paso de especies migratorias para su captura; y escasa era también la presencia de la industria conservera en tierra. Los múltiples y continuos acuerdos pesqueros que España suscribió siempre con otros países contemplaban fundamentalmente una actividad pesquera en los caladeros de países lejanos para grandes barcos de pesca, inexistentes en nuestra flota malagueña.

La incorporación de España a la UE en 1986 supuso una mejora notoria en nuestra flota pesquera profesional, desde el punto de vista tecnológico, todo ello gracias a las subvenciones comunitarias. Dichas ayudas, disponibles para nuestra flota desde la entrada en la “Europa Azul”, en el marco legal de la Política Pesquera Común (PPC), se han demostrado en el tiempo como del todo equivocadas, ya que permitieron no solo renovar y modernizar la flota, sino también aumentar significativamente el esfuerzo pesquero sobre los caladeros, al construirse barcos mas grandes y potentes, con una tecnología mas desarrollada. La consecuencia llegó pronto a nuestro país, como a muchos países comunitarios con fuerte tradición pesquera: caladeros sobreexplotados que no pueden renovar sus recursos, poniendo en entredicho la rentabilidad de la flota, y la continuidad del sector. El regreso de los barcos andaluces, que faenaban en el caladero de Marruecos, tras el cese en 1999 del Acuerdo de pesca con ese reino, incrementó el esfuerzo sobre un caladero ya debilitado. Esta situación obligó a las Autoridades Comunitarias responsables de los asuntos pesqueros a dar un giro, a finales de 2002, en las ayudas estructurales contempladas en la PPC, primando los desgüaces de barcos y otras medidas de reducción del esfuerzo pesquero, tales como la disminución de horarios, paradas biológicas, mayor selectividad en las artes, nuevas tallas mínimas más restrictivas, etc.

Y así llegamos a la difícil situación actual a la que debe enfrentarse cada día el sector pesquero de este país en general, y de Málaga en particular: Una flota pesquera profesional modernizada, con materiales nuevos, más potente y con tecnología muy sofisticada, y mayor eficacia en su actividad, pero con escasa rentabilidad, que continúa faenando al fresco en un caladero con escasos recursos; las capturas de las especies comerciales siguen cayendo en picado, mientras que los elevados gastos, sobre todo el elevado precio del combustible, y los bajos precios en lonja de un producto de elevada calidad, ponen en evidencia un deficitario sistema de comercialización, que deja pocos beneficios a armadores y pescadores, cuyo sistema de ganancias sigue siendo “a la parte”, mientras que el consumidor final debe pagar el pescado a precio de oro.

Actualmente, un total de  260 barcos pesqueros, legales, y  censados por el Ministerio, pertenecientes a la lista 3ª (profesional), salen a faenar cada día en nuestras aguas, en las distintas modalidades de pesca marítima profesional. De ellos, unas 40 embarcaciones conocidas comúnmente como “bacas”, ejercen la modalidad de arrastre de fondo, para capturar todas las especies que encuentra la red a su paso por el fondo marino: merluza, bacaladilla, lenguado, gamba, pulpo, rape, cigalas, calamares, etc. La modalidad de cerco es ejercida por  unas 35 embarcaciones  llamadas “traiñas”,  en busca de pequeños pelágicos como la sardina, el boquerón, el jurel, y la caballa. Las 125 embarcaciones marisqueras que faenan con rastro buscan cerca de la costa, las distintas especies de moluscos bivalvos y gasterópodos: coquina, chirla, concha fina, bolo, etc. Los restantes  55 barcos ejercen una pesca muy selectiva en la modalidad de artes menores, entre las que se cita: trasmallo (besugos, herreras, etc),  alcatruces o pucheros (pulpo), etc.

A las puertas de una nueva Politica Pesquera Común, revisada nuevamente, para adaptar la flota a los recursos pesqueros existentes, la situación es aún más dificil para la flota pesquera profesional de nuestro caladero. Un sector profesional que debe pagar sus impuestos, y aun debe obtener un sueldo después de pagar los elevados gastos que supone salir a faenar en un caladero frágil, cuya escasez de recursos le ha abocado en los últimos años a una situación de permanente crisis; un sector pesquero profesionalizado, que no deja atrás su primaria mentalidad extractiva, con las excepciones debidas, y que debe seguir adaptándose a las exigencias de los tiempos, con una actividad más sostenible y respetuosa con el medio del que vive; un sector pesquero que se cuestiona la rentabilidad de su flota, su continuidad  y que se asoma al futuro con una gran incertidumbre.

El Reino del boquerón, “el plateado”

Los productos pesqueros que desembarca la flota profesional de Málaga, en los cinco puertos pesqueros de la provincia, son de una elevada calidad, gracias a su frescura,  al caladero del que proceden, y a la cuidada manipulación a bordo, de los profesionales. Y es que nuestras costas, bañadas por el Mar de Alborán,  están dotadas de unas  especiales características oceanográficas y  climáticas, que garantizan una riqueza biológica y pesquera en el mar, que cobran un énfaisis especial en algunas especies como el boquerón. De entre todos los productos pesqueros malagueños, si hemos de destacar un producto estrella, ese es “el plateado”: el escaso y bien valorado boquerón.

Con densidades poblacionales actualmente muy preocupantes, el boquerón es un pequeño pelágico que, tras alcanzar los 9 cm de longitud, desova en primavera y verano, en zonas cercanas a costa, donde se captura por las traiñas que componen la flota de cerco, ayudados en muchos casos por embarcaciones auxiliares llamadas “lucero”, cuya misión es atraer al cardumen o masa de peces. Antaño era la destreza del patrón la que permitía detectar los bancos a través de la fluorescencia del plancton al paso de los peces, en lo que se conocía como la pesca “al arda”. Hoy día la tecnología a bordo permite detectar con más facilidad los peces, para posteriormente ser rodeados y capturados por la red, que será cerrada en su parte inferior, al objeto de atrapar todas las capturas y aproximarlo al barco para su “copejeo”, mediante pequeñas redes llamadas “salabares”.

Las especiales características oceanográficas de nuestro litoral (corrientes de agua profundas y superficiales, temperatura, etc.), confieren al boquerón en nuestras aguas, unas peculiaridades que le hacen un producto de extremada calidad. Para que el lector pueda entenderlo de una forma fácil: la entrada en nuestro litoral mediterráneo de agua fría en profundidad, procedente del Atlántico, a través del Estrecho, hace que se produzcan unos giros  cercanos a la costa malagueña, que llevan consigo un ascenso o afloramiento de aguas profundas y ricas en nutrientes, fenómeno conocido como “up-welling”, fertilizando nuestras aguas, elevando la producción de plancton, y haciendolas especialmente privilegiadas para la reproducción y alevinaje de muchas especies marinas, entre las que destaca sin duda, el boquerón: Engraulis encrasicholus, que en nuestro litoral es de elevada calidad, reconocida por todos, y que hace que su precio en la subasta de primera venta en lonjas alcance usualmente un precio considerable dada su escasez. Es algo similar a lo que ocurre con la quisquilla de Motril, la sardina de Vinaroz, y otras tantas especies, que, como consecuencia de la confluencia de muchos factores a nivel local, adquieren una calidad algo mayor que en otras aguas, aun siendo la misma especie.

http://www.laopiniondemalaga.es/malaga/2012/03/25/malaga-escasea-boqueron-alboran-frente-sardinas/495315.html

A pesar de ello, el boquerón lleva varios años “desaparecido”. Atrás quedaron los extraordinarios niveles de capturas registrados en los años 2001 y 2002. Las causas no son del todo específicas: fluctuaciones anuales de reclutamientos, intrínsecas a las poblaciones de pequeños pelágicos, elevada presión pesquera, elevada mortandad de estadíos larvarios por causas diversas, contaminación de las aguas costeras, etc.; y sobre todo, la captura indiscriminada de inmaduros. La captura masiva de boquerón y sardina en estado inmaduro, tanto alevin como recluta, para dar cobertura a la fuerte demanda del consumidor, ha sido uno de los factores que pusieron en peligro la capacidad de regeneración del caladero, aún hoy en entredicho.