Lluvia de millones para los bolicheros de Málaga

Despues de un tiempo algo retirada, vuelvo a entrar en este mi espacio, lleno de redes, para contarles algo que, quizas esté en el conocimiento de muy pocos.

Esta lucha de la Administración pesquera en Málaga, por perseguir la pesca furtiva de inmaduros, no es nueva ni reciente. Tenemos que remontarnos a la década de los 80, para encontrar el primer intento coordinado entre diversas Administraciones, para atajar el problema de la pesca de inmaduros, que crecía en algunas playas de Málaga y provincia. Y es que la demanda de pescado inmaduro, en sustitución del chanquete, procedente de la hostelería y del comercio minorista, como consecuencia del boom turístico, había alcanzado cotas elevadísimas, y comenzaban a poner en peligro la existencia de determinadas especies, principalmente boquerón y sardina.

Y ocurrió algo que pocas veces se ha repetido: una perfecta alianza entre  Administraciones de distinto ámbito y signo político. La Subdelegación del Gobierno en Málaga, en 1983, por aquella época con las siglas del PP, y la Delegación de Agricultura y Pesca de la  Junta de Andalucía en Málaga, con las del PSOE, sin intereses partidistas, sino persiguiendo el bien general y el sentido común, se aliaron en un Programa coherente e integral, para proteger los caladeros de la provincia, regular el uso de las artes de tiro o playa,  y acabar en lo posible con el problema de la pesca de crias de boquerón y sardina, para sustituir en las mesas al que un día fué el auténtico chanquete (Aphia minuta), y del que no he dejado de hablar en este blog. A este Programa capitaneado por Subdelegación del Gobierno, se unieron Capitanía Marítima, Cofradía de Pescadores de Málaga, Ayuntamiento, Instituto Social de la Marina, Instituto Español de Oceanografía, Comandancias de Marinas, Ministerio del Interior, etc.

En 1984 y 1985, se destinó 232 millones de pesetas para subvencionar la retirada de un censo de 385 personas y 165 barcas que, a cambio, solo tuvieron que entregar las artes, y que en su mayoría se reconvirtieron a la lista 3ª (profesional) hacia la modalidad de artes menores como el trasmallo, marisqueo, el sardinal, o el alcatruz.

 El programa no estuvo exento de incidentes de tipo social, por algunos grupos que lo consideraron un atentado contra nuestro mayor signo de identidad.

En 1988 quedó establecida la veda indefinida del chanquete (Aphia minuta) y la prohibición del uso de las artes de playa (copo, boliche, birorta, jábega, etc.). Desde entonces, la pesca e inmaduros por “bolicheros” ha sido ilegal, y por tanto, clandestina y furtiva.

Una vez se dió por finalizado el Programa de establecimiento del censo y el reparto de las subvenciones, la Subdelegación del Gobierno puso en marcha, en 1999, el Plan coordinado de lucha contra la pesca ilegal de inmaduros, en colaboración con la Delegación de Agricultura y Pesca de la Junta de Andalucia, en Málaga, y con la valiosa colaboración de la Guardia Civil (Seprona, Servicio Marítimo y Unidad de Vigilancia Litoral).

A pesar del éxito, no fue posible la total erradicación del colectivo, y algunos de ellos tomaron las artes que no entregaron, y siguieron ejerciendo la actividad furtivamente con el cierto apoyo popular que han venido recibiendo. Las actuaciones que hoy aun siguen diseñando por la Delegación de Málaga para la lucha contra esta pesca furtiva son continuación del citado Plan en estrecha colaboración con las Fuerzas del Orden Público.

Hoy dia, siguen muchos de ellos; o mejor dicho sus indignos descencientes; aquellos que no quisieron reconvertirse a otras artes, hoy legales; han retomado las redes que no entregaron, y con cuatro maderos se hacen una barca, o la roban de la  playa, para echarse al negocio del inmaduro o de la droga. ¿no creen que ya recibieron bastante?

 

Para mi niño, lo mejor

Hemos visto en uno de los artículos, las ganancias y las pérdidas económicas asociadas a la pesca y venta de inmaduros. Queda claro, por tanto,  que la actividad furtiva persiste porque se trata de una cuestión económica; y por supuesto, porque hay demanda.

Hay algo tan importante como los números, o como el daño al caladero. Al tratarse de una mercancía ilegal, pescada furtivamente, su venta se hace de forma directa, a pescaderías y chiringuitos, dado que no sería permitida su venta en la lonja, por tratarse de un pescado en talla antirreglamentaria, capturado por embarcaciones ilegales, ejerciendo la pesca sin autorización, con artes prohibidos, y por tripulantes sin los requisitos exigidos. Nada en esta pesquería es legal.

El lector puede pensar que, dada la cercanía del caladero,  el carácter tan artesanal de la actividad, y  la inmediatez entre su captura y puesta en venta,  no hay duda alguna de su frescura y calidad y, por tanto,  nula necesidad de pasar la mercancía por el control de lonjas. Pero lo que el lector no sabe, o hace oídos sordos  porque no le interesa saber, es que estamos hablando de crías de boquerón o sardinas, una mercancía muy perecedera; y aquel cubo de 7-8 Kilos del que hablábamos en uno de los artículos, lleva consigo un chorro del conservante  “formol”, para que pueda soportar las  horas que va a tardar en venderse al consumidor final,  en un buen estado visual, sin convertirse en una “plasta” inservible, e imposible de vender. Ese formol supone un riesgo para la salud pública, sin lugar a dudas.

El formol o formaldehído, es un potente conservante; el mas utilizado actualmente en los laboratorios de Anatomía Patológica para conservar órganos o cadáveres de animales. También llamado “formalina” a cierta concentración, se le conoce también como  fluido embalsamador, dado que retrasa la putrefacción de las células animales, fijando los tejidos, una vez se ha producido la muerte.

Se trata de un gas muy volátil, incoloro, y soluble en agua. Posee un olor penetrante e irritante, que al ser inhalado se metaboliza en el hígado, y en la sangre. Se trata de un producto altamente tóxico y cancerígeno. No voy a detallar la gama de síntomas y efectos que puede ocasionar, no solo en la piel, mucosa o en los ojos, sino también en los órganos internos, porque sería muy extenso. Si el lector piensa que exagero, solo tiene que  consultar algunas de las fichas que el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo (INSHT) presenta, en el catálogo de productos químicos, frente a los cuales hay que tomar medidas especiales de protección,  por aquellas personas que, en su trabajo, irremediablemente entran en  contacto con este producto. Algunos ejemplos  se pueden leer en la página web oficial de este organismo, en los siguientes enlaces:

http://www.insht.es/InshtWeb/Contenidos/Documentacion/FichasTecnicas/NTP/Ficheros/501a600/ntp_590.pdf

http://www.insht.es/InshtWeb/Contenidos/Documentacion/FichasTecnicas/NTP/Ficheros/821a921/873w.pdf

http://www.insht.es/InshtWeb/Contenidos/Documentacion/FichasTecnicas/FISQ/Ficheros/201a300/nspn0275.pdf

http://www.insht.es/InshtWeb/Contenidos/Documentacion/FichasTecnicas/FISQ/Ficheros/601a700/nspn0695.pdf

Se desconoce datos relativos a la forma exacta en que se usa este producto por los bolicheros como aditivo a los cubos con pescado inmaduros, el origen del producto, dosis, forma de aplicación, etc. Únicamente sabemos que es de uso habitual, porque es frecuentemente encontrado en las operaciones llevada a cabo  por la Inspección pesquera y la Guardia Civil: botes de formol vacíos o medio llenos, en el interior  de las barcas, de cubos, es algo frecuente en esta actividad clandestina. No obstante es muy posible, que su aplicación  en los cubos de pescado se haga de forma directa, añadiendo un chorro al cubo que contiene el pescado, al que ya se le ha escurrido el agua; por lo tanto, podemos estimar que la concentración de producto es  alta, aunque imprecisa. Se desconoce, por tanto, los posibles efectos concretos sobre la salud del aplicador, así como del consumidor. Lo que sí se conoce es su poder conservante para este tipo de pescado inmaduro. Al tratarse de una mercancía constituida por crías , de muy escaso tamaño (3-4 cm), éste presenta una coloración transparente, de poca consistencia, y escasa durabilidad. Altamente perecedera, es una masa de pescado muy pequeño, cuya comercialización sería imposible de no ser por la aplicación de un conservante, que le hace tener una apariencia de recién capturado.

 

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El formol ha sustituido desde hace unos años a la antigua costumbre de orinarse sobre los cubos de pescado recién capturado. Si no se ha añadido  formol al cubo, es porque alguno de los bolicheros u ocupantes de la barca se habrá orinado en él, dado el poder conservante de la urea contenida en la orina, junto a las toxinas y demás subproductos de desecho que ésta  lleva; por no hablar  de todos los restos, de diversa naturaleza,  (pelos, preservativos, trozos de celulosa, restos de limpieza del  puerto, restos de la desembocadura del Guadalmedina, y un largo y puerco etc.), que les puedo jurar que he visto,  que quedan retenidos en las tupidas redes que se utilizan en esta actividad pesquera, y que, junto con el pescado capturado, van a ese cubo.

Algunas personas con las que comento esto, piensan que es un argumento que utiliza la Administración Pesquera para disuadir a los consumidores; que lo de la orina es una leyenda urbana  falsa. Les puedo asegurar que todo lo que afirmo en este artículo, es rigurosamente cierto. No tengo ningún interés especial en esto ni en lo contrario, ni gano dinero con este blog, ni soy ecologista, ni tengo necesidad alguna de mentir ni disuadir a nadie. Y mucho menos, de atentar contra nuestras costumbres populares ni tradiciones gastronómicas.  Simplemente creo que es mi obligación compartir la información que poseo,  y que es del todo veraz, porque lo he visto; y no solo una vez, fortuitamente; es una práctica habitual, y diaria de la que son testigos tanto inspectores pesqueros como agentes del Seprona.

Mucha gente prefiere creer que todo esto es un bulo ecologista, intencionado para acabar con nuestras tradiciones; que un plato de “chanquetes” capturados ahí mismo, es lo mas fresco y saludable, y que siempre se han comido. En el chiringuito, un papá o mamá, pedirá un plato de “chanquetes”, creyendo que es lo mejor que puede darle a su hijo…. “para mi niño, lo mejor”.

Ganancias, pérdidas y daño

En este artículo quiero darles algunas cifras estimadas, relacionadas con las ganancias obtenidas de la pesca furtiva de inmaduros, las sanciones establecidas por la legislación vigente,  la repercusión que las capturas de inmaduros de boquerón y sardina en las poblaciones de adultos de dichas especies; y esa repercusión en pérdidas económicas futuras si llegaran a su talla adulta.

Las ganancias

Las ganancias dependerán principalmente de la demanda, de la época del año, del número de barcas que salgan cada noche; la calidad del producto es otro factor que influirá en el precio; así, un producto “revuelto” se presenta muy mezclado con otras especies, y hace que el precio sea inferior, al que alcanza  cuando el  producto es “limpio”, es decir, larvas de boquerón y/o sardinas, únicamente.

En  pleno verano, la época de mayor demanda, y por tanto de mayor actividad furtiva, puede haber un promedio de 5-10 barcas cada noche, pescando furtivamente, repartidos entre El Palo-El Bulto-Huelin, a los que  se añaden, a menudo, Torre del Mar; la cifra puede llegar hasta 15 – 20 barcas/noche, en algunos momentos del año.  Cada barca puede salir a pescar y después descargar en la playa, varias veces en la noche, y puede llegar a pescar una media de 5 cubos/noche, (cada cubo tiene unos 7-8 Kg de larvas o crías de sardinas y/o boquerones), habiéndose registrado noches con mas de 10 cubos/barca. En esta época, el precio  alcanza la cifra media de 100 – 120 euros/cubo, que pagará el pescadero minorista o el dueño de un chiringuito; pero este precio se eleva hasta una media de 140 €/cubo cuando el producto escasea. Cuando el producto es “limpio” (sin mezcla de otras especies) y aun no está “vestido” (transparente como el auténtico chanquete, aphia minuta, que apenas se distingue qué especie es), puede alcanzar el precio de  150 €/cubo, e incluso más.

Tomen una calculadora y hagan los cálculos.  Yo he elegido las cifras de mínimos,  pero no pierdan de vista que hablamos de estimaciones y medias, lo que quiere decir que las cuantías pueden ser fácilmente superables, dependiendo de los factores que he expuesto. Les aseguro que mis fuentes son tan fiables como cercanas a las barcas.

5-10 barcas/noche
5-10 cubos/barca/noche
7-8 Kg/cubo
100-140 €/cubo
2-3 personas/barca

7 barcas/noche  x 7 cubos/barca x  7 Kg/cubo =  340 – 345 Kg/noche, 

7 barcas/noche  x 7 cubos/barca x 120 €/cubo = 5800-6000 €/noche,

 lo que significa una media de unos 800 – 850 €/barca/noche.

En cada barca van 2-3 personas, que  repartirán las ganancias,  negras como el carbón; algo se pagará en callar bocas de confidentes nocturnos.

El “negocio” es lucrativo, y no solo, para el pescador furtivo, sino para el pescadero que lo venderá, el transportista que lo llevará furtivamente en su furgoneta, y el chiringuitero que lo servirá en sus mesas; los distintos componentes de la red de este mercado negro.

El pescadero pagó unos 100-120 €/cubo (7-8 Kg.), (unos 14 – 17 €/Kg.) y lo venderá a unos  20 €/Kg, a particulares, para consumo doméstico; o sea, el particular paga unos 5 € por 1/4 Kg. El pescatero le gana unos 3-6 € a cada Kg. que vende. El particular, ademas, se encontrará al llegar a casa, que el producto comprado ha mermado su peso ya que una parte era hielo o agua.

Precio del cubo para el pescadero = 100 – 120 €/cubo = 14 – 17 €/Kg.

Precio en pescadería, al particular =  5 €/250 gr = 20 €/Kg.

Ganancia para el pescadero = 3 – 6 €/Kg

El chiringuitero pagó unos 100-120 €/cubo (7-8 Kg.),  (unos 14 – 17 €/Kg.) y lo venderá a unos 12-15 €/ración.  Si cada ración pesa unos 150 – 200 gr.,  significa que está vendiendo el producto a unos 75-100 €/Kg., y multiplica por 7  su precio, ganándole un promedio de 7585 euros a cada Kg. vendido.

Precio del cubo para el chiringuitero = 100-120 €/cubo = 14 – 17 €/Kg.

Precio  al comensal = 12-15 €/ración (150-200 gr) = 75-100 €/Kg.

Ganancia para el chiringuitero = 75 – 85 €/Kg

Como verán el ultimo eslabón de todo el negocio  es siempre  el consumidor, que forma parte de la cadena o red, de forma consciente y voluntaria, aunque desconociéndola muy a menudo, y engañado en la mayoría de los casos, porque paga como “chanquete” un producto que no lo es. Si no hubiera demanda por parte del consumidor, ya sea en la pescadería como en el chiringuito, nada de estas ganancias existirían. Así que no me vengan algunos con los argumentos de que el consumidor no puede hacer nada ante tan complejo problema. Puede hacer, y mucho: no pedirlos; así de simple.

El daño 

Ya les conté en el artículo titulado “Vamos a contar mentiras, tralará”, que un cubo de “chanquetes” (crías de sardinas o boquerones), estará constituido por un porcentaje diferente de ambas especies,  dependiendo de la época del año en que nos encontremos, como consecuencia de los distintos momentos de puesta que poseen ambas especies. El plato de los mal llamados “chanquetes”, está asegurado todo el año, con las crías de ambos, pero en cada momento predominará una sobre otra.

Estimaciones hechas por técnicos de la Delegación Territorial de Agricultura,  Pesca y Medio Ambiente, de  la Junta de Andalucía, en Málaga, sobre dos muestras de pescado inmaduro incautado por la Inspección Pesquera,  revelan cifras sorprendentes.

La metodología utilizada es simple: extrapolar el peso del nº de ejemplares inmaduros que componen la muestra, a lo que pesaría ese número de individuos si llegaran a adultos.  Las conclusiones de dicho estudio son reveladoras: si se dejara crecer 750 gr de pescado inmaduro, constituido principalmente por sardinas, obtendríamos:

122.61 Kg de sardinas de 14 cm, ó 105.66 Kg de sardinas de 15 cm, ó 148.8 Kg de sardinas de 17 cm.

Es decir, 3/4 Kg de sardinas inmaduras, si se dejaran crecer hasta alcanzar 15 cm, incrementarían en más de 130 veces su  peso inicial.

Las debilidades del estudio realizado son obvias, dado que existe una mortandad natural de crías en el medio natural que no se ha tenido en cuenta en este estudio; así mismo, y desde el punto de vista estadístico, debe gozar del rigor científico que obliga a que  deba repetirse varias veces y a lo largo de todo el año. Pero no me negarán ustedes que el dato es revelador del daño que se produce a la especie, al no dejarla llegar al estado adulto y no poder  reproducirse.

Si esta conversión (x 130) fuese así de sencilla, podríamos afirmar que los 340 – 345 Kg de sardinas inmaduras que se pescan en una noche, significarían mas de 44.000 – 45.000 Kg de sardinas adultas,  si se dejaran crecer hasta la talla de 12-15 cm.

Pero lógicamente es algo más complejo. Hice la correspondiente consulta a los técnicos del IEO de Málaga, y así lo confirman. En el medio marino, las larvas de todas las especies en general, y de los pequeños pelágicos, como las sardinas y boquerones, en particular,  son altamente influenciables por elmedio ambiente fluctuante y se encuentran sometidos a una mortandad natural, en la que intervienen multitud de factores: circulación hidrografica, depredación, temperatura de las aguas, calidad genética de los progenitores (a mayor edad o talla de los individuos maduros, mayor calidad progenitora), concentración o dispersión larvaria, etc., entre otros. La mortandad natural, además, es mayor en los primeros estadíos larvarios, y disminuye con el desarrollo de éstas. Esto hace que sea imposible establecer un % de mortandad, que nos permitiese establecer un coeficiente multiplicador, y  afirmar que, una cantidad concreta de inmaduros, se convertiría en tal cantidad de adultos, si se les permitiera crecer.

Pero, permítanme un supuesto, e imaginemos una  mortandad natural de larvas fuese del 50 %. Estaríamos hablando de unos 170  Kg de larvas de sardinas cada noche, que llegarían a convertirse en unos 22.100 Kg de sardinas adultas de 15 cm., y a las que se impide crecer, cada día. Sin duda, una barbaridad, diaria.

Las pérdidas

Actualmente, la comercialización de sardinas y boquerones en estado adulto  en las lonjas de los cinco puertos pesqueros de la provincia, se realiza en cajas de poliespan, conteniendo unos 7 Kg de pescado/caja. En el estudio que nos ocupa, la muestra de  750 gr de sardinas inmaduras se hubiesen traducido en unos 105 Kg de sardinas adultas; es decir, mas de 15 cajas de sardinas adultas de 15 cm de talla. Si el precio medio de la sardina en lonjas es de 20 euros/caja, las 15 cajas de sardinas adultas, (procedentes de los 750 gr. iniciales de sardinas inmaduras), hubiesen significado una venta en lonja de sardinas adultas de 300 euros. Y ello, sin tener en cuenta la mortandad natural.

Si en una noche se pesca una media de 340-345 Kg. de crías, y suponiendo una mortandad natural del 50 %, éstas crías podrían llegar a ser 22.100 kg de sardinas adultas de 15 cm., que supondrían 3.150  cajas, de 7 Kg, que vendidas en  lonja a 20 €/caja, representan una pérdida para el sector pesquero extractivo profesional, cada madrugada, de unos 64.000 euros.

El Kg de sardina (adulta) en pescaderia tiene un precio medio de 4 euros/Kg., aunque en verano este precio puede superar los 6 €/Kg;  Esos 22.100 Kg de sardinas perdidas cada dia, significan que que el sector comercial minorista, legal, cada día, deja de vender sardinas adultas por un valor superior a los 88.500 euros.

En un chiringuito, el precio medio del espeto de sardinas (compuesto por un promedio de 8 sardinas), es de unos 6 €/espeto. Con un kg de sardinas se preparan aproximadamente unos 5 espetos. Si dejásemos crecer  los 170 Kg de crías de sardinas pescados en una noche podrían convertirse en un total de 22.100 Kg de sardinas adultas, es decir unos  110.000  espetos, que vendidos en la mesa a 6 €/espeto, significan la escalofriante cifra de más de 660.000 euros cada día, que podrían proporcionar esas sardinas adultas al sector de la restauración si no hubiesen sido capturadas en su fase larvaria.

Ganancias para unos, pérdidas para otros, daños para todos.

 

Detrás de un plato de “chanquetes”

He hablado mucho de la actividad furtiva de pesca de “chanquetes”. El lector tal vez piense o evoque aquellos tiempos en que las jábegas llegaban a la playa despues de echar el “lance”, se sacaba “el copo” entre muchos, a golpe de tirones de los cabos de los extremos de la amplia red, hasta que se acercaba a la orilla, y se recogía la pesquera en baldes o cubos; y casi allí mismo se vendía, delante de todos. Hoy no es muy diferente, si no fuese porque ésta actividad y las artes usadas, hoy están totalmente prohibidas, y todo debe hacerse de un modo furtivo, rápido, y a escondidas.

En efecto, mas allá de la pesca ocasional de pescado en talla inferior a la reglamentaria, por algunas embarcaciones de la lista 3ª (pesca profesional), la pesca de inmaduros en Málaga se desarrolla, desde hace más de 20 años, de forma furtiva y clandestina por otro tipo de embarcaciones.

¿cómo es esta actividad? Les voy a contar a ustedes cual es el escenario que cada noche se produce para desarrollar la pesca ilegal de inmaduros de boquerón o sardina, los mal llamados “chanquetes”: se trata, como digo, de una pesca furtiva llevada a cabo por pequeños botes o embarcaciones, casi siempre ilegales; es decir, sin documentación alguna, sin el folio ni matrícula (o falsos) que debe tramitarse en la Capitanía Marítima, y sin los permisos requeridos, muy a menudo robadas de los varaderos o de las playas; o bien embarcaciones de recreo o deportivas, con toda su documentación en regla, pero dedicadas a esta actividad ilícita; y no faltan las embarcaciones construídas de forma rápida en astilleros irregulares improvisados a pie de playa, que también forman parte de la red de ganancias.  No les miento si les digo que a veces se trata de hidropedales, o meros artefactos flotantes construidos con un simple palét, desde donde echar el lance.

Las zonas especialmente “calientes” son El Bulto, Huelin, El Palo, el interior del Puerto de Málaga, Torre del Mar, mayoritariamente.

Sus tripulantes, muy reincidentes,  en muchos casos ya identificados y detenidos o buscados por la Guardia Civil, por tener diversas causas pendientes con la justicia, asociados a temas de narcotráfico. Su detección por la Inspección Pesquera para una posterior actuación, exige el continuo seguimiento previo de esta actividad, en horario de noche y madrugada. Un trabajo que se desarrolla en duras condiciones, no exentas de peligro, cercanas a veces al camuflaje, con muchas horas de espera hasta que llega la hora de su inicio; cuando son detectados, se producen continuas amenazas verbales a los integrantes del equipo de la Inspección y a sus superiores, bien en ese momento, o bien anonimamente por teléfono, a los que se somete a contraespionaje;  los apedreos y las agresiones físicas y verbales a los inspectores pesqueros son frecuentes; incendios de vehículos oficiales y particulares; los infractores y su red de colaboradores, no dudan en llevar a cabo el robo de barcas, motores y artes, ya incautadas, en la nave usada por la Inspección Pesquera para el depósito de este tipo de material, obligando a continuos cambios de ubicación de la misma, a cambios de vehículos, rutas, horarios y hábitos, etc., debiendo extremarse las precauciones; motocicletas de escasa cilindrada que vigilan; móviles que se activan en la madrugada para facilitar información sobre los movimientos de los inspectores; garajes particulares que en la noche se abren y cierran para sacar o meter los artes de pesca, motores e incluso barcas; boliches, birortas y otros artes con un copo ciego como un velo de novia, donde todo queda retenido excepto el agua; furgonetas esperando la mercancía; botes de gasolina para amenazar con prenderse fuego a sí mismos, si son sorprendidos por la inspección o por los agentes de la Guardia Civil; generadores de luz para atraer más pescado, barcas viejas que cambian de colores o características cada día; cubos cargados de crías de boquerón y sardinas que desaparecen en las calles en pocos minutos; botes de formol para añadir masivamente a los cubos, a fin de mantener el pescado durante varias horas hasta su consumo (antiguamente era la orina lo que se usaba); barcas que se construyen rápidamente en astilleros irregulares improvisados en la misma playa, por carpinteros que son parte de la red ilegal de ganancia; varaderos “irregulares”, en las playas de nuestra capital, y de ciertas localidades como Torre del Mar, donde se acumulan las embarcaciones ilegales, junto a congeladores o arcones viejos cerrados con candados, donde se guardan artes, botellas de formol, etc.; huídas, insultos, apedreos con tornillería a bordo de las barcas; … y dinero, mucho dinero negro, todo ganancias, que va a parar a los bolsillos de unos pocos.  La mayoría de las veces, los infractores salen huyendo de la Inspección Pesquera, haciendo imposible su identificación, y la incoación del correspondiente expediente sancionador, dejándonos solo la posibilidad a la inmovilización de la embarcación ilegal, dentro del marco jurídico vigente. Una vez hecho el  seguimiento de lo que llamamos “bolicheo”, identificadas las barcas, infractores, horarios, zonas, capturas, desembarque, trasporte, etc.,  y todo ello documentado fotográficamente, se realiza el diseño de operaciones especiales, conjuntas con el Seprona o el Servicio Marítimo de la Guardia Civil, sin cuyo apoyo sería imposible el desarrollo con éxito de este control.

Este es el escenario que se encuentra cada noche la Inspección Pesquera y los Agentes de la Guardia Civil, para desarrollar su trabajo. Esta es la actividad que se desarrolla nocturnamente entorno a la pesca y venta de “chanquetes”. Y no me lo ha contado nadie. Les puedo asegurar a ustedes que es así, porque lo he visto muchas veces, cuando he salido con los inspectores de pesca de Málaga, por la noche-madrugada, a presenciar su trabajo, poniendo en peligro su integridad. Esto es lo que hay detrás de un plato de “chanquetes”. Y a esto contribuye el consumidor, sin saberlo, cuando lo demanda; ya que mientras se consuman, se pagará por ellos, y mientras haya ganancias, se seguirá pescando, haciendo inútil este trabajo.

Muchos malagueños siguen viendo en esta actitud de la administración, una amenaza a uno de los signos de identidad: el “pescaíto”, sin darse cuenta de la amenaza que esta actividad furtiva supone, a otro: el boquerón, y la sardina, cuyas poblaciones se ven dramáticamente mermadas por esta captura masiva de crías. El consumidor piensa además, que a nivel individual no puede resolverse el problema dada la compleja naturaleza del mismo, pero debe saber que él forma parte ineludible de la solución y que, si se rechaza de forma individual, se está contribuyendo eficazmente a su resolución. La Administración tiene su obligación y responsabilidad, inexcusables, y las asume, y desarrolla en sus operaciones, con los medios de que dispone; gran parte de la responsabilidad es de ella; pero el ciudadano que lo compra o consume, tiene también la suya. No es cuestion de estudios; entre los consumidores de inmaduros  se encuentran médicos, ingenieros,  periodistas, empresarios, amas/os de casa, deportistas, funcionarios, carpinterios, mecánicos, enólogos, pescaderos, etc.; sino de conciencia e información veraz; de considerarnos co-responsables del problema, del mismo lado que la normativa y la Administración, y no en la acera opuesta.

Vamos a contar mentiras, tralará….

Hay ocasiones, en las que parece que interesa que el consumidor esté mal informado y liado, y en asuntos de pescado inmaduro, podría decirse que algo así  ha sucedido siempre en mi ciudad, y sigue sucediendo, por conveniencia de muchos: pescadores, transportistas, pescaderos, chiringuiteros, restauradores…. y algun que otro político desorientado.

Vitorianos, Manolitas, chanquetes, alevines, morralla….. y el chino.  La confusión está servida:

El autético nombre de “Chanquete”, tal y como ha descrito el reconocido Jose A. Reina en sus trabajos, es la denominacion popular en España de la especie Aphia minuta, descrita por  primera vez por Risso, en 1810;  obedece a una especie de góbido de unos 6 a 6.5 cm de longitud en estado adulto,  con cuerpo transparente, y algo pigmentado con punteaduras rojizas. Su distribución abarca todo el Mediterráneo, tanto en las costas sureuropeas, como norteafricanas y el Atlántico, desde Gibarltar hasta el Norte de Europa. No obstante, es en las costas de Málaga, donde su popularidad le han elevado tradicionalmente a la categoría de signo de identidad y símbolo gastronómico  de esta ciudad. Su pesca indiscriminada  durante muchos años, para atender la fuerte demanda del consumidor,  puso en serio peligro la supervivencia de sus poblaciones, obligando a la Administración autonómica a prohibir su  pesca y comercialización.

Ya les conté en otro artículo que solo hay una especie de boquerón: Engraulis encrasicholus. Y que de sardina, solo hay una especie: Sardina pilchardus. Ambas especies, boquerón y sardina, en los primeros estados larvarios son  morfologicamente muy similares al adulto de Chanquete (Aphia minuta), si bien, éste último podría distinguirse, entre otras cosas, por su tonalidad rosada. Esquilmado el Chanquete auténtico, son las crías de boquerón y sardina, las que ocupan su lugar en las mesas.

Y les conté que el boquerón “vitoriano” no es una especie de boquerón distinta, que crece en las aguas del municipio del Rincón de la Victoria. Sino que se llama así, por ser en las fechas cercanas a la festividad de la Virgen de la Victoria (septiembre), cuando se produce lo que se conoce como el “reclutamiento” de esta especie, el boquerón, que hace su puesta de huevos, en el mes de junio, aproximadamente; y cuyas crías aparecen en julio-agosto, capturándose furtivamente como inmaduros, mal llamados “chanquetes”, por su extraordinario parecido morfológico. El boquerón “vitoriano”, de unos 5-7 cm., aparece a continuación, en septiembre, y no es otra cosa que un “recluta”, o joven de la especie, aún inmaduro,  que va a incorporarse a la población de próximos reproductores; para nada se trata, como muchos quieren ver,  de una especie diferente de boquerón típica de nuestra zona.

También les conté que algo similar sucede con las sardinas conocidas en nuestra provincia con el nombre de “manolitas”, de menor tamaño que los 11 cm. mínimos legales establecidos para en el caladero mediterráneo;  se trata de la misma especie en todas las latitudes. La sardina hace su puesta alrededor de noviembre; desde diciembre hasta mayo, aproximadamente, se capturan las larvas de esta especie, furtivamente,  en estado inmaduro, como “chanquetes”, con los que tambien guarda gran similitud morfológica; la “manolita” , de unos 7-9 cm., aparece a continuación, en mayo-junio, aproximadamente, y se trata, pues, de un estado inmaduro o “recluta” de ésta especie, que no alcanzan la talla mínima legal.

De ahí que las capturas de los mal llamados “chanquetes” estén aseguradas todo el año en nuestras aguas,  con  las crías de ambas especies: desde diciembre a mayo, con las crias de sardina; desde julio a agosto/septiembre, con crías de boquerón; y todo ello, nocturna y furtivamente  por  barcas y botes ilegales no censados, dadas las fuertes ganancias que obtienen, a pesar de las innumerables operaciones llevadas a cabo por la Inspección Pesquera de la Junta de Andalucía,  y la Guardia Civil, tanto Seprona como Servicio Marítimo.  

Los reclutas de boquerón, llegarán en septiembre como “vitorianos”, y los de sardina, en mayo/junio como “manolitas”. Ambos reclutas son capturados por algunas traíñas de la flota pesquera profesional, nuestra o ajena,  escapando de los rigurosos controles, de lonjas y Mercas,  y a riesgo  de las fuertes sanciones que la normativa pesquera impone a este tipo de actividad ilegal, fuertemente perseguida. 

De un tamaño algo mayor, sin llegar al tamaño de los reclutas “vitorianos” ni “manolitas”, y junto con crías de muchas otras especies, conocemos a la Morralla: otro de los grandes estragos habituales; sargos, bogas, salmonetes, jureles, toritos,  boquerones, sardinas, calamaritos, besugitos, etc., crias de hasta 140 especies, componen este vergonzoso plato de fritura.

Y por si aun quedara sitio para mas confusión, llega el chanquete chino, o pez platino: de 4-6 cm, el Neosalanx tangkahkeii taihuensis, un pez de lejana procedencia, criado en piscifactorias de China, aspecto plástico, y sabor cuestionable; importado por varias empresas, con sede en España, el pez platino viene congelado, en cajas  de 1 Kg. Se muestra capaz de aguantar entre 24 a 30 horas una vez descongelado, sin perder su consistencia. y esto representa una ventaja frente al inmaduro de boquerón o sardina, o al auténtico chanquete, que solo tiene una duración de unas 8-10 horas desde su captura; tiempo a partir del cual se hace imposible manejarlo y menos aun freirlo; de ahí  que se precise la adición de un conservante, ya sea natural, como la urea contenida en la orina, usada desde toda la vida;  o un conservante sintético como el formol, que se añade “a chorro” a los cubos de pescado inmaduro, una práctica extendida actualmente, sin atender los avisos de las Administraciones sanitarias de que es un producto altamente cancerígeno. 

El Chanquete chino es “legal”, desde el punto de vista de su tamaño. Ningun problema con él, en cuanto a talla se refiere, si no fuese porque, llamar “chanquete”, a algo que no lo es, no solo es un engaño, sino un delito sancionable; si no fuese porque debe publicitarse como un producto “descongelado”, cosa que no se hace; y porque vino a confundir más aún, a un consumidor ya liado. Y porque ha venido a fomentar y camuflar la pesca de inmaduros de boquerón y sardina, de sabor más valorado; ha venido a fomentar el engaño y servir de reclamo cuando el comprador pregunta.

Los comentarios del pescadero/restaurador son variopintos:

“… si, tenemos el chanquete nuestro, pero de piscifactoria, o criadero…”.

Triple engaño:  por un lado, no existe ninguna piscifactoria de Chanquete (Aphia minuta), ni de  boquerón, ni de sardina, ni aqui, ni  en ningun otro lugar, cercano o no. No ha sido posible llevar a cabo, con éxito, el cultivo de ninguna de estas especies; sí,  del mal llamado “chanquete chino” importado de piscifactorias de Asia. Por otro, engaño, por llamarlo “chanquete” cuando no lo es; y por último, engaño, porque está ofreciendo sin informar de ello, un producto descongelado  a precio de pescado fresco.

“… tenemos el chanquete chino, porque  es legal; pero si el señor  quiere (si es cliente asiduo) podemos ofrecerle el nuestro”;

 y en ese momento toma protagonismo el inmaduro de boquerón o sardina, segun la época. En esta ocasión, engaño y daño. Engaño, porque volvemos a llamar y pagar como chanquete, algo que no lo es; y en esta ocasión, un enorme daño a las poblaciones de boquerón y sardina, que no llegarán a ser adultos. A ningun niño se le escapa que, si matamos a las crías, no habrá adultos. Pero parece que a los mayores les cuesta más entender algo tan obvio. Y argumentan que… ellos se sienten  muy malagueños, … que siempre se han comido… que si ya están muertos… que es la Administración la unica responsable …   Argumentos todos ellos, muy débiles y cortos, para justificarse y seguir consumiéndolos. Y no se creen los engaños de los que son víctimas, no se creen el daño que fomentan al pedirlos, no se creen que se añada orina o formol, no se creen los riesgos sanitarios que corren… en fin. Aunque se les informe, prefieren hacer oídos sordos.

Muchas cosas bajo el nombre de Chanquete, y nada es Chanquete, sino un engaño. Porque el Chanquete (Aphia minuta), está bastante esquilmado en nuestras aguas. Y solo es posible consumirlo en algunos restaurantes de otras Comunidades autónomas, y eso sí, pagándolo. Aquí en Andalucia, su pesca y comercialización está prohibida indefinidamente desde 1988, al igual que el uso de todas las artes de pesca usadas tradicionalmente para su captura,  llamadas de tiro o de playa, como el boliche, el boliche roa, la jábega (nombre que también recibe la barca de origen fenicio con la  que antiguamente se pescaba), la jábega real, la media jábega, la birorta, etc.; artes que se trabajan desde la playa o desde embarcación, y que tienen en común la presencia de una parte final en la red, en forma de bolsa,  practicamente ciega, llamada “copo”, y que,  dado el pequeñisimo tamaño de la malla,  indiscriminadamente se lleva todo cuanto encuentra a su paso, incluyendo todo tipo de residuos, y por supuesto, todo el pescado inmaduro; crías de muchas especies, entre ellas, de boquerón y sardina, y los pocos ejemplares adultos que van quedando del Aphia minuta (el chanquete auténtico); artes de playa que, bajo el nombre genérico de “copo” todos hemos visto, a amanecer, salpicados por todo el litoral malagueño.  Aún sobreviven vestigios de aquella actividad “bolichera”, en las zonas en las que siempre estuvo presente esta tradición: El Palo, El Bulto, Torre del Mar, etc.;  pero ahora furtivamente buscando  los fáciles ganancias que ofrece siempre una mercancía ilegal.

Mientras el consumidor no se conciencie del daño y del engaño, el inmaduro se seguirá pescando.  Si, si, yo tambien  comí todo esto, cuando era pequeña, y ya hace muchos años de eso; cuando estaba tan mal informada como la mayoría de los malagueños y visitantes, y como aún sigue estando una gran parte de los consumidores.   Hoy me sigo sintiendo tan malagueña como siempre y por eso, y porque amo a mi ciudad, con mayor conciencia, quiero poner mi granito de arena,  a fin de mantener el consumo de pescado, como su gran signo de identidad, pero de una forma responsable, para que nunca tengamos que recordar éstas tradiciones, lamentándonos de nuestra ignorancia.