La Inspección Pesquera tambien existe

Inspectores de Medio Ambiente, de Sanidad, de Urbanismo, de Consumo, de Trabajo, de Hacienda, de la Policía Local, de la Guardia Civil, la Polícia Nacional …

Hay un cuerpo de Inspectores Pesqueros de la Junta de Andalucía,  que tambien existe, y cuyo trabajo parece no conocerse, ni reconocerse, si no fuera por los múltiples artículos que tan a  menudo nos salpican los diarios locales de Málaga.

http://www.scoop.it/t/elvirafrapolli

Sus actuaciones son  menos visibles para los ciudadanos,  malagueños o visitantes, porque muchas de ellas se desarrollan durante la noche o la madrugada, la franja horaria en la que el movimiento de pescado es incesante, mayoritariamente: la primera  venta del pescado de cerco (boquerón, sardina, jurel y caballa) en las cinco lonjas de la provincia, al alba o “a la prima”; el seguimiento y control de la pesca furtiva de “chanquetes”, que ya les contaré en otro artículo especificamente dedicado a esto; la venta de pescado y marisco, procedente de otras latitudes españolas o extranjeras, en MercaMálaga, y en sus inmediaciones, durante la madrugada; el transporte de pescado a través de carretera con destino a Mercamálaga. Tambien durante el día hay movimiento de pescado, y no menos intenso: la venta de pescado a particulares, en pescaderías, grandes superficies y mercados de abasto, de toda la provincia, durante la mañana; la restauración, y aqui incluímos, restaurantes, chiringuitos, mesones, hoteles, etc;  o la vespertina  venta del pescado de arrastre (gamba, bacaladilla, pulpo, merluza, cigala, rape, lenguado, etc.)  y marisco (chirla, concha fina, coquina, etc.) en las cinco lonjas de la provincia; sin olvidarnos del seguimiento de la actividad pesquera profesional en el mar, durante todo el día y la noche, en la patrulleras de la Inspección Pesquera para vigilar el cumplimiento de la normativa pesquera en la  actividad profesional de la pesca; y todo ello, en toda la costa, desde Sabinillas hasta Nerja, y en el interior de toda la provincia de Málaga. De ahi que los inspectores de Pesca deban realizar su trabajos en turnos de mañana, tarde y noche, a pesar del escaso número de efectivos que la componen.

¿qué cómo se hace todo eso?  pues con buenos profesionales de la Inspección, expertos, y con una larga trayectoria; con un auténtico “encaje” en la programación de los trabajos de cada turno; con la firmeza en la instrucción de los expedientes sancionadores incoados, y la imposición de las sanciones marcadas por la Ley de Pesca Autonómica, Estatal y Comunitaria; y con una estrecha colaboración con los cuerpos de Seguridad del Estado, entre los que destacan el Seprona y el Servicio Marítimo de la Guardia Civil, y a los que se han unido en los ultimos años, la Policía Local del Ayuntamiento de Málaga.

Los objetivos: el correcto etiquetado, la talla, los horarios de pesca, las profundidades de faena o calado, las épocas de veda, las licencias, la documentacion a bordo, el envasado, el medio de transporte, etc. Y no es poco lo que encuentran.

Las cifras son más llamativas aún: En los ultimos 16 años, han realizado mas de 52.500 inspecciónes, que se han saldado con el levantamiento de  más de 5.000 actas por infracción a la normativa de  pesca marítima vigente. En ese periodo se han incautado más de 425 artes ilegales, tipo boliche, birorta o jábega, y casi 1.000 barcas ilegales, dedicadas a la pesca furtiva de inmaduros de boquerón y sardinas. El decomiso de pescado y marisco decomisado durante ese periodo casi alcanza la cifra de 240 Toneladas. Son más de 5.000 los expedientes sancionadores iniciados por infracción en materia de pesca marítima de recreo; de ellos, más de la mitad, asociados a infracciones por talla inferior a la reglamentaria.

A pesar de esta eficacia, la fuerte demanda de pescado “pequeño” ligada a las tradiciones gastronómicas, e incrementada aún más durante los meses de verano por la gran afluencia turística a nuestro litoral, favorece el furtivismo de una actividad ilegal de pesca de inmaduros que, por su elevado precio, se resiste a abandonar la actividad; igual ocurre con la venta minorista, así como  la fuerte entrada de pescado inmaduro  por carretera, a Mercamálaga, para la venta a mayoristas, cuya detección en los polígonos adyacentes, no está exenta de dificultades.

La ciudadanía siempre señala a la Administración como el  responsable ineficaz, que en cierto modo no acaba con el problema porque no quiere. Lo que la ciudadanía desconoce es la cantidad de recursos materiales, económicos y humanos que se invierten en esta lucha contra la captura, transporte, comercialización y consumo de inmaduros en nuestra provincia; sin percatarse que esos recursos salen de todos los bolsillos, sin percatarse que también ellos, como consumidores finales, son parte del problema, y por tanto de su solución.

Desde la Delegación de Agricultura y Pesca de Málaga, organismo que en colaboración con otras administraciones viene luchando incansablemente desde hace muchos años contra el consumo de inmaduros, se quiere hacer hincapié en la observación de que, no se trata de acabar con nuestras costumbres y tradiciones, sino de armonizarlas con las demandas gastronómicas del turismo y con la actividad pesquera profesional. La lucha contra el consumo de inmaduros, pretende, precisamente, la sostenibilidad de los recursos  pesqueros encaminada a la continuidad de la pesca profesional,  a la conservación de esa nuestra tradición gastronómica, tan atractiva para malagueños y turistas, y  a la protección de nuestro caladero. La economía ligada al sector del turismo,  primera fuente de ingresos de nuestra provincia, no debe poner en entredicho la economía de un sector primario de nuestra ciudad, como es la pesca.

Es una cuestión de conciencia: Conservar el legado patrimonial de la pesca y el consumo de pescado en Málaga es tarea de todos.

El “adiós” al SANMAR

Quiere disimular su tristeza, pero dificilmente lo consigue. Por muy convencido que está, de su acertada decisión, apenas puede evitar que asome la humedad en sus ojos. Es toda su vida, su verdadera vocación; su amor a la mar, a la pesca, al olor de la sal, a esa soledad de las largas jornadas en el mar.

Como muchos otros, cada madrugada, el SANMAR salía de su puerto de Caleta de Vélez, a toda máquina, en busca de pescado. En el puente, un profesional de la pesca como pocos, reconocido por todos: armadores, pescadores, tripulantes, compradores, y funcionarios de una y otra Administración. Un hombre del que todos aprendíamos. En la lonja se veía cada tarde el fruto de su trabajo y de los suyos, las maravillas obtenidas del mar, extraídas con mimo y respeto, en cantidad y tamaño.

Quien ha dicho que en la mar no hay pescadores respetuosos ? , que saben que las cosas no se están haciendo del todo bien, que las cuentas no salen;  que la solución para llevar un sueldo a casa, no pasa por esquilmar cada dia los escasos recursos pesqueros; que los precios en lonjas de ese maravilloso pescado apenas cubren los gastos; que una vez vendido y hecho el reparto de ganancias  “a la parte”, no da a sus hombres para vivir dignamente, que  las ayudas comunitarias se acabarán algun día; que, aunque la pesca es todo para él y sus hombres, así no se puede seguir… ?

El día 19 de septiembre, tras 20 años de trabajo diario con su barco, somos testigos de la desgarradora actividad de  la máquina  excavadora, hincando sus afilados colmillos en el casco del SANMAR, sin compasión. En cada mordida se lleva un trozo de su vida, de su historia, de su faenar diario. Y a nuestro lado, silencioso, Sebastián se muerde los labios, escondido trás una cámara de fotos. Lleva dias nervioso y triste, pero hoy, es un día muy especial para él. Aunque joven, está curtido por el aire marino, por los sinsabores  de su profesión, endurecido por el sol. Pero cada golpe de la pala parece clavarse y golpearle el alma. No quiere ver más. Quiere mantener vivo el recuerdo del SANMAR saltando sobre las olas, soltando la red y calando puertas. Prefiere marcharse rápido,  tiene prisa;  pronto tendrá  un exámen, y quiere hacerlo bien. Se ha subido a otro barco, el del estudio del mar en la Universidad. Su amor por el mar le lleva a completar su conocimiento que de él ya tiene, con más rigor científico, colaborar con investigadores,  a fin de conocer mas sobre  ese mundo de la pesca. Su talante no le permite dejar de luchar, aunque ahora no lo requiera con apremio.

Su trato educado, correcto, tranquilo, dialogante, le hacen un magnifico conversador, con el que estaría horas y horas hablando, sin dejar de aprender. Pero tambien quiero despedirme. Siento que no es el mejor momento para él.

Sebastián, siempre adelantado a su tiempo, siempre adelantandose a todos, quiere ver mas, aprender más, y esperar a que otro momento sea mas propicio. Pisará por un tiempo suelo firme, pero él sabe donde está su sitio, donde vuelve a ser él mismo; donde se siente seguro; y sabe que volverá. Sabe que el tiempo lo llevará de nuevo al puente de otro barco; en otro momento, en otras circunstancias…. en otro mar...

La pesca profesional en Málaga

Hablar de la pesca profesional en la provincia de Málaga obliga a remontarse a los primeros asentamientos humanos de la costa malagueña, época desde la cual el hombre se vinculó al mar Mediterráneo, apareciendo dicha actividad muy tempranamente. Fenicios, griegos, y romanos desarrollaron actividades pesqueras en nuestro litoral, como lo demuestra el registro arqueológico, a través de las antiguas fábricas de salazones y “garum”. Muchas de las técnicas y artes de pesca más frecuentes hoy día en nuestro litoral, hunden sus raíces en tiempos pasados, conservando hasta nuestros días su carácter artesanal.

Algo más cercanos en el tiempo, aun quedan entrañables recuerdos en las mentes malagueñas, donde se evocan los tipismos, siempre  tan asociados a la cultura popular gastronómica. Personajes ya algo difuminados en la memoria, aunque relativamente recientes, como el cenachero, que pregonaba por nuestras calles el pescado fresco recién capturado en el rebalaje; y figuras que aun nos acompañan, como  el marengo espetando sardinas, o el redero remendando serenamente las redes sentado en la arena de la playa.  Aquellas  jábegas que cada mañana veíamos cerca de la orilla, a lo largo de todas las playas de la costa,  capturando sardinas, boquerones, chanquetes, quedaron varadas en la arena, junto a los copos y boliches que los jabegotes extraían de la mar a golpe de brazos y hombros.  Aquella estampa, aun reciente, palpita con añoranza en el corazón de muchos malagueños. Entonces, no importaba el tamaño de las redes, ni la talla de los pescados, ni los horarios de pesca; apenas existía normativa, tal vez porque la situación entonces no lo requería.

Corría la mitad del siglo XX y  eran los comienzos del emergente turismo de sol y playa que atraía a todo el mundo hacia nuestras costas en busca de productos muy nuestros. Y entre ellos, el “pescaíto”, fresco y preparado como en pocos lugares. Otros tiempos, otros mares, otras leyes….

Y crecieron nuestras ciudades costeras, las urbanizaciones y hoteles. El turismo, trajo progreso y dinero, pero a la vez incrementó enormemente la demanda de nuestros limitados recursos pesqueros.

Había que adaptarse a los tiempos, y la pesca profesional también debía hacerlo. Aumentó considerablemente la flota, y en consecuencia las distintas modalidades y artes de pesca profesional que hoy conocemos en nuestras aguas, muchas de ellas heredadas de otras civilizaciones. Sobrevinieron rigurosas  normativas a las que se debía enfrentar un sector económicamente difícil que apenas miraba más allá del día a día;  que siempre consideró el mar como la eterna despensa inagotable, donde todo se renueva, y donde la ausencia aparente de territorialidad dificulta su regulación y la gestión de sus recursos.

Málaga siempre estuvo vinculada al mar y a la pesca, pero su tradición pesquera, más allá de las jábegas que pescaban el chanquete, apenas implicaba una escasa flota  artesanal al fresco, que volvía cada día a puerto. Barcos de poca eslora, que faenaban cerca de la costa; alguna almadraba testimonial aprovechaba el paso de especies migratorias para su captura; y escasa era también la presencia de la industria conservera en tierra. Los múltiples y continuos acuerdos pesqueros que España suscribió siempre con otros países contemplaban fundamentalmente una actividad pesquera en los caladeros de países lejanos para grandes barcos de pesca, inexistentes en nuestra flota malagueña.

La incorporación de España a la UE en 1986 supuso una mejora notoria en nuestra flota pesquera profesional, desde el punto de vista tecnológico, todo ello gracias a las subvenciones comunitarias. Dichas ayudas, disponibles para nuestra flota desde la entrada en la “Europa Azul”, en el marco legal de la Política Pesquera Común (PPC), se han demostrado en el tiempo como del todo equivocadas, ya que permitieron no solo renovar y modernizar la flota, sino también aumentar significativamente el esfuerzo pesquero sobre los caladeros, al construirse barcos mas grandes y potentes, con una tecnología mas desarrollada. La consecuencia llegó pronto a nuestro país, como a muchos países comunitarios con fuerte tradición pesquera: caladeros sobreexplotados que no pueden renovar sus recursos, poniendo en entredicho la rentabilidad de la flota, y la continuidad del sector. El regreso de los barcos andaluces, que faenaban en el caladero de Marruecos, tras el cese en 1999 del Acuerdo de pesca con ese reino, incrementó el esfuerzo sobre un caladero ya debilitado. Esta situación obligó a las Autoridades Comunitarias responsables de los asuntos pesqueros a dar un giro, a finales de 2002, en las ayudas estructurales contempladas en la PPC, primando los desgüaces de barcos y otras medidas de reducción del esfuerzo pesquero, tales como la disminución de horarios, paradas biológicas, mayor selectividad en las artes, nuevas tallas mínimas más restrictivas, etc.

Y así llegamos a la difícil situación actual a la que debe enfrentarse cada día el sector pesquero de este país en general, y de Málaga en particular: Una flota pesquera profesional modernizada, con materiales nuevos, más potente y con tecnología muy sofisticada, y mayor eficacia en su actividad, pero con escasa rentabilidad, que continúa faenando al fresco en un caladero con escasos recursos; las capturas de las especies comerciales siguen cayendo en picado, mientras que los elevados gastos, sobre todo el elevado precio del combustible, y los bajos precios en lonja de un producto de elevada calidad, ponen en evidencia un deficitario sistema de comercialización, que deja pocos beneficios a armadores y pescadores, cuyo sistema de ganancias sigue siendo “a la parte”, mientras que el consumidor final debe pagar el pescado a precio de oro.

Actualmente, un total de  260 barcos pesqueros, legales, y  censados por el Ministerio, pertenecientes a la lista 3ª (profesional), salen a faenar cada día en nuestras aguas, en las distintas modalidades de pesca marítima profesional. De ellos, unas 40 embarcaciones conocidas comúnmente como “bacas”, ejercen la modalidad de arrastre de fondo, para capturar todas las especies que encuentra la red a su paso por el fondo marino: merluza, bacaladilla, lenguado, gamba, pulpo, rape, cigalas, calamares, etc. La modalidad de cerco es ejercida por  unas 35 embarcaciones  llamadas “traiñas”,  en busca de pequeños pelágicos como la sardina, el boquerón, el jurel, y la caballa. Las 125 embarcaciones marisqueras que faenan con rastro buscan cerca de la costa, las distintas especies de moluscos bivalvos y gasterópodos: coquina, chirla, concha fina, bolo, etc. Los restantes  55 barcos ejercen una pesca muy selectiva en la modalidad de artes menores, entre las que se cita: trasmallo (besugos, herreras, etc),  alcatruces o pucheros (pulpo), etc.

A las puertas de una nueva Politica Pesquera Común, revisada nuevamente, para adaptar la flota a los recursos pesqueros existentes, la situación es aún más dificil para la flota pesquera profesional de nuestro caladero. Un sector profesional que debe pagar sus impuestos, y aun debe obtener un sueldo después de pagar los elevados gastos que supone salir a faenar en un caladero frágil, cuya escasez de recursos le ha abocado en los últimos años a una situación de permanente crisis; un sector pesquero profesionalizado, que no deja atrás su primaria mentalidad extractiva, con las excepciones debidas, y que debe seguir adaptándose a las exigencias de los tiempos, con una actividad más sostenible y respetuosa con el medio del que vive; un sector pesquero que se cuestiona la rentabilidad de su flota, su continuidad  y que se asoma al futuro con una gran incertidumbre.

El Reino del boquerón, “el plateado”

Los productos pesqueros que desembarca la flota profesional de Málaga, en los cinco puertos pesqueros de la provincia, son de una elevada calidad, gracias a su frescura,  al caladero del que proceden, y a la cuidada manipulación a bordo, de los profesionales. Y es que nuestras costas, bañadas por el Mar de Alborán,  están dotadas de unas  especiales características oceanográficas y  climáticas, que garantizan una riqueza biológica y pesquera en el mar, que cobran un énfaisis especial en algunas especies como el boquerón. De entre todos los productos pesqueros malagueños, si hemos de destacar un producto estrella, ese es “el plateado”: el escaso y bien valorado boquerón.

Con densidades poblacionales actualmente muy preocupantes, el boquerón es un pequeño pelágico que, tras alcanzar los 9 cm de longitud, desova en primavera y verano, en zonas cercanas a costa, donde se captura por las traiñas que componen la flota de cerco, ayudados en muchos casos por embarcaciones auxiliares llamadas “lucero”, cuya misión es atraer al cardumen o masa de peces. Antaño era la destreza del patrón la que permitía detectar los bancos a través de la fluorescencia del plancton al paso de los peces, en lo que se conocía como la pesca “al arda”. Hoy día la tecnología a bordo permite detectar con más facilidad los peces, para posteriormente ser rodeados y capturados por la red, que será cerrada en su parte inferior, al objeto de atrapar todas las capturas y aproximarlo al barco para su “copejeo”, mediante pequeñas redes llamadas “salabares”.

Las especiales características oceanográficas de nuestro litoral (corrientes de agua profundas y superficiales, temperatura, etc.), confieren al boquerón en nuestras aguas, unas peculiaridades que le hacen un producto de extremada calidad. Para que el lector pueda entenderlo de una forma fácil: la entrada en nuestro litoral mediterráneo de agua fría en profundidad, procedente del Atlántico, a través del Estrecho, hace que se produzcan unos giros  cercanos a la costa malagueña, que llevan consigo un ascenso o afloramiento de aguas profundas y ricas en nutrientes, fenómeno conocido como “up-welling”, fertilizando nuestras aguas, elevando la producción de plancton, y haciendolas especialmente privilegiadas para la reproducción y alevinaje de muchas especies marinas, entre las que destaca sin duda, el boquerón: Engraulis encrasicholus, que en nuestro litoral es de elevada calidad, reconocida por todos, y que hace que su precio en la subasta de primera venta en lonjas alcance usualmente un precio considerable dada su escasez. Es algo similar a lo que ocurre con la quisquilla de Motril, la sardina de Vinaroz, y otras tantas especies, que, como consecuencia de la confluencia de muchos factores a nivel local, adquieren una calidad algo mayor que en otras aguas, aun siendo la misma especie.

http://www.laopiniondemalaga.es/malaga/2012/03/25/malaga-escasea-boqueron-alboran-frente-sardinas/495315.html

A pesar de ello, el boquerón lleva varios años “desaparecido”. Atrás quedaron los extraordinarios niveles de capturas registrados en los años 2001 y 2002. Las causas no son del todo específicas: fluctuaciones anuales de reclutamientos, intrínsecas a las poblaciones de pequeños pelágicos, elevada presión pesquera, elevada mortandad de estadíos larvarios por causas diversas, contaminación de las aguas costeras, etc.; y sobre todo, la captura indiscriminada de inmaduros. La captura masiva de boquerón y sardina en estado inmaduro, tanto alevin como recluta, para dar cobertura a la fuerte demanda del consumidor, ha sido uno de los factores que pusieron en peligro la capacidad de regeneración del caladero, aún hoy en entredicho.

El día del “boquerón vitoriano”

Hoy,  como en años anteriores, leo en los periódicos locales,   la noticia de la celebración del famoso dia del  “boquerón vitoriano” en uno de los municipios costeros de la ciudad.

Vaya por delante mi amor por mi ciudad, Málaga, y mi interés por todo lo que con ella tenga que ver. Eso me hizo, desde muy joven, interesarme y rebuscar referencias bibliográficas sobre sus costumbres, gastronomía, historia, fiestas, tipismos, personajes, barrios, etc.

Me encanta que se celebren días especiales para evocar y fomentar costumbres, hechos históricos, o productos gastronómicos. Nos hace falta motivos que nos distraigan a todos, aunque sea por un corto rato, de los difíles momentos que estamos atravesando en el terreno económico. Y por supuesto, me parece loable y hasta necesaria, toda iniciativa, ya sea pública o privada, encaminada al fomento en el consumo de los productos pesqueros tradicionales  de la provincia de Málaga, como es el caso del boquerón, aprovechando la mayor presencia en nuestras costas de turistas en la época estival. Lo que no  me parece adecuado es que dicha promoción se enfoque utilizando una adjetivación de “dudosa” reputación.

En Málaga, gran parte de la población consumidora habitual de esta especie, mantiene aún la creencia de que el “boquerón vitoriano” es una especie distinta de boquerón, que solo se cría en las aguas de nuestro litoral, y cuyo tamaño es, de forma natural, inferior al que procede de otras aguas, ya sean del Golfo de Cádiz, del levante español, italianos o marroquíes. Nada más lejos de la realidad. Siento derribar esta creencia popular tan romántica, pero de boquerón solo hay una única especie: la Engraulis encrasicholus. Y  lo que tradicionalmente todos hemos conocido como “boquerones vitorianos” no son una especie distinta del boquerón, sino que son inmaduros de dicha especie, los cuales no alcanzan la talla mínima biológica (para su reproducción) exigida por la reglamentación vigente para esta especie en el caladero mediterráneo (9 cm), para asegurar la sostenibilidad de la pesca de dicho recurso.

El adjetivo de “vitoriano” nada tiene que ver con el nombre del municipio de Rincón de la Victoria, municipio al que por otra parte tengo un cariño muy especial; ni con otras acepciones que han querido encontrarse relacionadas con la reina Victoria. Dicho apelativo popular obedece a las capturas especialmente abundantes que se producen de este boquerón inmaduro, por motivos puramente reproductivos, en las épocas próximas a la celebración de la festividad de la Virgen de la Victoria (8 de septiembre),  siendo en estas fechas cuando se produce lo que se conoce como el reclutamiento” de esta única especie, el boquerón. El boquerón “vitoriano”, de unos 5-6 cm., aparece  en septiembre, y no es otra cosa que un “recluta”, o joven de la especie, aún inmaduro,  que va a incorporarse a la población de próximos reproductores; para nada se trata, como muchos quieren ver,  de una especie diferente de boquerón típica de nuestra zona.

Algo similar sucede con las sardinas conocidas en nuestra provincia con el nombre de “manolitas”, de menor tamaño que los 11 cm. mínimos legales establecidos para en el caladero mediterráneo; solo hay una especie de sardina, la Sardina pilchardus; la misma en todas las latitudes; la “manolita” , de unos 7-9 cm., aparece  en mayo-junio, aproximadamente, y se trata, pues, de un estado inmaduro o “recluta” de ésta especie, que no alcanzan la talla mínima legal.

Otra cosa bien distinta, y cierta,  es que, las  características oceanográficas de nuestro litoral (temperatura, salinidad, corrientes, fotosíntesis, luminosidad, etc.), le confieran al boquerón (Engraulis encrasicholus), en  el litoral de la provincia de Málaga, una calidad sin igual, nada comparables a la pesquería de boquerón de otros caladeros; calidad reconocida por todos, desde compradores mayoristas y minoristas, hasta los restauradores de mayor prestigio, pasando por los consumidores más exigentes.

Son muchos los esfuerzos que diferentes Consejerías de la Junta de Andalucía realizan para tratar de poner fin a uno de los problemas más graves que castigan nuestro caladero; la pesca de inmaduros. Entre ellos, cabe destacar las distintas Campañas de concienciación  ciudadana, así como los enormes esfuerzos en medios y recursos humanos para la Inspección pesquera, en estrecha y continua colaboración con Fuerzas de Seguridad del Estado. Me pitan los oidos cuando, entre tanto,  algunos ayuntamientos costeros de nuestra provincia celebran con todo orgullo y esplendor, unos días dedicados a este producto, y en Fitur se proclame este producto a los cuatro vientos. Entiendo que este tipo de jornadas, desarrolladas en torno a un eje llamado “Boquerón Vitoriano”, vienen a fomentar la pesca, venta y consumo de esta especie en su estado inmaduro, algo totalmente ilegal y castigado por la normativa en vigor;  y, además,  tan opuestamente contrario a una de las líneas prioritarias de la Administración Pesquera Autónómica, Estatal y Comunitaria, así como de las Fuerzas del orden Público. No parece muy coherente que una Administración prohiba y sancione con elevadas multas a quien los pesca y vende, y otra Administración  los proclame fomentando esta actividad ilícita, mientras los inspectores pesqueros  y los agentes del Seprona se lanzan a la calle cada noche para perseguirla. Algo no cuadra.

http://www.scoop.it/t/elvirafrapolli

http://www.malagaenlamesa.com/noticias/el-dia-del-boqueron-victoriano-se-renueva-con-cinco-estrellas-michelin-337.html

 http://www.diariosur.es/20100120/turismo/fritura-famosa-fitur-20100120.html

No se fomenta así una pesca y consumo responsables, objetivo éste que deberían perseguir todas las administraciones de forma unánime, independientemente de su correspondiente ámbito geográfico de actuación.

Como D. Antonio Garrido Moraga, en su precioso artículo:

“yo tambien levanto mi voz para cantar a la ciudad en la que creo, para cantar a la ciudad de la historia milenaria, a la del presente y a la del prometedor futuro”.

http://www.diariosur.es/20080725/local/feria/garrido-levanto-para-cantar-200807251212.html

Siendo como es el boquerón, (conocido como “el plateado” por los pescadores antiguos), uno de los más importantes signos de identidad de mi querida ciudad, cuidemoslo, consumiéndolo en su talla reglamentaria, para que siempre podamos disfrutar de él, y Málaga siga llevándolo como bandera. Y fomentemos su consumo, dentro y  fuera de nuestras fronteras, sin la denominación  de “victoriano”,  ese “apellido” tan “dudoso e incómodo”.

Estos y otros errores se vienen arrastrando tradicionalmente de generación en generación. Dejemos de justificar  las conductas irresponsables con argumentos sentimentales confusos, aprovechando el desconocimiento popular. Alabemos y  promocionemos la calidad de nuestros productos con argumentos veraces, que los hay,  sin engañar al consumidor, nativo o foráneo, y sin provocar el bochorno de aquellos que conocen la verdad.

Con el permiso de Reina

Allá van sus pescadores
con los oscuros bombachos.
Columpiando los cenachos
con los brazos cimbradores.
Del pregón a los clamores
hinchan las venas del cuello.
Y en cada pescado bello
se ve una escama distinta,
en cada escama una tinta
y en cada tinta un destello.

(Salvador Rueda).

Tomo prestados estos versos de Salvador Rueda dedicados al Cenachero, para iniciarme en este arrollador mundo de las tecnologías. Y lo hago con el permiso de “Reina”, máximo experto en la preciada especie de pescado que ocupará una buena parte de mi pretendido blog: el chanquete. O mejor dicho, todas  aquellas especies de pescado que, en estado inmaduro como juveniles o crías, se han pescado y se siguen pescando, ilegalmente, para suplir la carencia de aquel, ocasionada por la fuerte demanda del consumidor.

Mucho se ha escrito sobre este tema, y muchas opiniones han sido vertidas por investigadores, ecologistas, periodistas, cronistas y políticos.  Con la única pretensión de poner mi granito de arena, he pensado en este blog, como una útil herramienta para compartir la información de que dispongo, acerca de un tema, sobre el que creo que existe gran desconocimiento, y confusion. Y lo hago como testigo que he sido (y sigo siendo) de las numerosas actuaciones que, desde hace muchos años, vienen desarrollando las distintas Administraciones para frenar este problema.  Los que me conocen saben que, a pesar de bióloga, no me conduzco como ecologista.  Lo hago porque todo se sabe mejor desde dentro que desde fuera; y porque es importante estar informados para formarse un criterio y decidir. Y es que son muchos los que opinan que  la Administración pública se lava las manos en este problema, o no le interesa ponerle fin, desconociendo, en la mayoría de los casos, la verdad que se oculta detrás de ésta actividad ilícita: la pesca, venta y consumo de inmaduros.

Somos libres de pensar lo que queramos,  y muchos son los argumentos a los que se echa mano, para justificar, en mi opinión de forma débil, la conducta irresponsable de pedirlos y consumirlos.

“Ya están pescados, y ya hay que comérselos”. “Toda la vida se han comido y no ha pasado nada”. “Yo soy malagueño/a y esto es un signo de identidad de mi tierra”. “Los bolicheros tienen que ganarse la vida de alguna manera”. “Es la Administración y no yo, quien debe solucionar el problema”.

Tal vez la pregunta que haya que hacerse sea ésta: ¿Lo sabemos todo sobre el pescado inmaduro? ¿que hay detrás de un plato de los mal llamados “chanquetes”?

Adelanto aqui que intentaré  evocar los tiempos que hicieron de especies como el chanquete, el boquerón y sardina,  los signos de identidad de Málaga; sus costumbres populares, gastronómicas y culturales, en un recorrido por la historia reciente, en el que, el  turismo ha tenido un papel fundamental. Aclarar algunos mitos o errores que se han venido arrastrando generación tras generación acerca de los “reclutas” como el boquerón “vitoriano”, o la sardina “manolita”; la llegada del “chanquete chino” como elemento portador de más confusión; qué especies caben bajo la denominación de “chanquete”; cuáles y cómo son los artes de pesca utilizados para su captura y que comunmente vienen  a denominarse “copo”; qué conservantes se le añaden para poder comercializarse; cómo es el mercado negro que se mueve detrás de este problema; qué ganancias hay detrás; cuál es el escenario que se encuentran los inspectores pesqueros o los agentes de la Guardia Civil (Seprona) a la hora de desarrollar su trabajo; algunas estimaciones de la repercusión en las poblaciones de adultos que podrían obtenerse si se dejaran crecer; repercusión sobre la flota pesquera profesional; la influencia de la crisis económica actual; y, sobre todo,  qué actuaciones ha venido haciendo la Administración, con los medios de que dispone, para atajar el problema, que han sido muchas, profundas y diversas, aunque tal vez insuficientes.

Gracias por entrar en mi blog.

¿te subes a este barco conmigo?